martes, 27 de septiembre de 2016

El Irán de mochila con mi padre (2ª parte)


El siguiente texto es la continuación del relato: El Irán de mochila con mi padre (1ª parte)

Shiraz es una ciudad normal, y lo digo en el buen sentido. Se puede encontrar algún lugar para hacer un café instantáneo, un té y comprar algo dulce para desayunar. Dicho así, no parece mucha cosa, pero por allí estos lujos pequeños se agradecen. Para comer, hay que mover un poco las piernas y si encontráis algún restaurante que os parezca atractivo (en general, viajando por el país) aprovechad el momento de suerte al instante. No van sobrados de lugares gastronómicos y salirse del pincho de pollo o albóndiga de carne de ternera con arroz bicolor no es tan fácil como cabría esperar. ¿Verdad que sí, papa? Shiraz tiene entidad propia. El centro se deja pasear a pie y hay mezquitas, mausoleos y una ciudadela notable. Pero no nos engañemos, hasta aquí se llega para ir a Persépolis. Un yacimiento impresionante de verdad, con una trascendencia histórica que no escapa a nadie. Papa, lo fliparemos. La forma de llegar más sencilla es en taxi. Una simple pregunta en el hotel y sabrán al instante que queréis que avisen uno de confianza. Y de confianza lo son esta gente. Pero no son taxistas, son amigos o parientes, conductores particulares que te hacen el trayecto por un precio más que razonable. En el mismo recorrido se puede llegar a los conjuntos de tumbas de Naqsh-e Rostam y Naqsh-e Rajab, nosotros pagamos 800.000, aproximadamente. Unos 25€, por el trayecto de 190 kilómetros de ida y vuelta, incluidas las esperas de nuestro simpático conductor, la conversación y la hospitalidad necesaria por falta de alternativas, que nos ofrecía en forma de té y la fruta, que llevaba al estilo take away de lo más casero.

Persépolis

Iran
Naqsh-e Rostam

A la vuelta, cosas de familia, quisimos pasar al nivel dos de dificultad en lo que a comunicaciones corresponde. Venga, papa, que estamos en racha. Queríamos encontrar la manera de conectarnos con datos 3G en Internet desde el teléfono. Que una cosa es poder llamar, hecho que nos duró menos de dos conversaciones rapiditas, a cubierto de la nieve desde la estación de autobuses, y otra muy diferente es poder hablar vía WhatsApp, que es mucho más moderno a mi madre con internet (o sin) cunde una barbaridad. ¿Dónde nos pueden arreglar esto? Vete a saber, papa, vete a saber. Entramos en una tienda de electrodomésticos. ¿Por qué no? Y preguntamos. Oiréis que las redes sociales en Irán no funcionan, que WhatsApp ni de cachondeo tampoco, etc. No era así en diciembre del 2015. Pero... justo es decir que estas cosas cambian rápido y no siempre para bien. En la tienda de electrodomésticos comprenden rápido lo que queremos y nos encuentran un amigo, después dos amigos y finalmente un tercer amigo, entre conocidos y saludos interesados en nuestro problema, que se ofrece a llevarse el teléfono y arreglarlo. Papa, ahora sí que la liaremos. Dudamos un segundo, pero nuestra experiencia con esta gente es muy positiva hasta el momento y acabamos por confiarnos. Y efectivamente, pasada una media hora nos traen el teléfono y tenemos conexión con datos. Arreglado, premio a la confianza. Papa, hemos triunfado. Qué no se hace por la tranquilidad de una madre...

Otro bus nos llevará a Esfahán. Los autobuses son un medio de transporte práctico en Irán. Tomarlos es facilísimo, las carreteras principales están en muy buen estado, la frecuencia es buena y los precios muy razonables. Incluso, hacen alguna paradita para comer, donde acabamos dentro de la cocina para hacer amigos. Pasa, papa, pasa, que señalando con el dedo nos entiende todo el mundo. Hasta la estación, nos había traído de manera desinteresada el taxista del día anterior. Un tipo simpático, nostálgico de la época del Sha de Persia, donde en Irán, según nos explica, se podían encontrar bares, la vida era relajada y la discrepancia tolerada. Después vino la revolución, la guerra de Irán – Iraq de los 80 y ahora todo este lío de conflictividad internacional dentro del cual los cuesta encontrar un lugar cómodo en la escena internacional, siendo, como son, una república islámica atípica, de mayoría chiita.

Iran
En la cocina de un bar de carretera entre Shiraz y Esfahán

Esfahán es una joya, muy dulce para los turistas. Tiene complejos religiosos visitables impresionantes y mercados llenos de vida donde es posible perderse en calma. Hay una plaza central monumental, que deja sin aliento solo entrar, donde la gente pasea y se deja ver. Por la noche, un puente iluminado impresiona a los románticos de la arquitectura antigua. Hay un pequeño centro donde se puede encontrar de todo, muchas tiendas, fast foods de marcas locales, hoteles de calidad razonable, restaurantes para gourmets y paraditas donde probar cremas y sopas tradicionales. El tiempo podía haber pasado plácidamente aquí, dedicar más días, pero viajando, este tema, la gestión del tiempo, es el elemento fundamental y el único enemigo ineludible.

Iran
Mercado en Esfahán

Iran
Esfahán

En el hotel nos arreglaron el transporte con otro conductor particular que nos llevaría hasta Kashan, pasando por Natanz y Abyaneh . Otro señor simpático con su coche particular al servicio del visitante, que nos dice si nos importa que lleve a su señora de viaje con nosotros. Qué va. Haga, hombre, haga. Cuántos más seamos, más reiremos, ¿verdad, papa? Total, que la señora resulta ser una mujer tan agradable de trato como estricta practicante islámica que obliga a su marido a recitar de memoria trozos del Corán durante todo el santo trayecto. Qué pereza, Papa. Natanz no es un gran qué, pero como parada estratégica vale la pena, ya que el trayecto hasta Abyaneh se haría muy largo. Abyaneh, es un pueblecito de montaña, muy mono, de calles arregladitas donde se ven turistas iraníes y algún occidental. Las mujeres visten los colores vivos del estampado tradicional y alguna abuela pide como hecho insólito propina para dejarse fotografiar. Tomad nota, que el turismo llega a todas partes y rápido.

Iran
Abyaneh

Abyaneh

Kashan nos sorprenderá por su autenticidad. Allí conocemos a Alí, un chico de la familia que lleva el Shirin Hotel, en el centro de la ciudad, que nos hará de guía y conductor por la ciudad. Gente como él sustituyen una ausencia notable para los viajeros de mochila en el país: los hostels. Todo hace pensar que, de momento, en este Irán donde carece la fiesta y las regulaciones son notables todavía no serían rentables. Quizás hay alguno, pero no vimos ninguno y esta carencia, a pesar de que los precios del alojamiento no son de momento un problema para los presupuestos bajos, priva al viajero de las otras ventajas de este tipo de oasis occidentales, principalmente la facilidad para interactuar con otros lonely travellers y, sobre todo, la información de primera mano sobre todo lo que necesitas para moverte in situ y prever los siguientes pasos. Kashan tiene un conjunto de casas históricas impresionantes, mucha arquitectura tradicional en barro y un bazar grande y lleno de téxtil tradicional. Alí nos lleva hasta Aran, una población cercana, donde hay una mezquita espectacular y nos explica como se relacionan los iraníes y todo aquello que se nos ocurre preguntar. De Kashan destacaría eso, que es un buen lugar para tomar la temperatura al país, para hablar con la gente y disfrutar de largos paseos. En la zona de las casas históricas se pueden encontrar restaurantes excelentes, hoteles boutique y cafés con decoración oriental donde sirven expresos a la italiana, al amparo del turismo que apenas empieza a arrancar. En el resto de la ciudad, todo es, digamos, más iraní, más de no saber encontrar dónde cenar y que te acaben llevando a comer pinchos de hígado con guarnición de... hígado hasta aburrirlo, dentro de lo que parecía más una ferretería de los años treinta que una casa donde cocinaran comestibles en sentido general. Cómetelo, papa, cómetelo que el hígado alimenta. Irán es un país poliédrico, es un trozo de mundo donde una chica joven mira a ambos lados antes de retirarse dos dedos atrás el hiyab, en pleno invierno, y dos minutos después, en la calle del lado, mientras todavía piensas si hay una parte de rebeldía consciente en su gesto, chocas de morros, en plena Ashoora, con una procesión nocturna y compungida en memoria de la muerte de Imam Husein.

Iran
Ashoora

Alí nos llevará a la estación donde un bus nos acercará a Qom, el bastión religioso del país desde donde emergió la figura del Ayatolá Khomeini. Nos alojamos en un hotel espartano justo delante del Mausoleo de Fátima, un conjunto monumental brutal. Nos pilla también en un día santo y los controles de seguridad y la aglomeración a los espacios religiosos es impactante. Pasamos los controles como quienes lo hacen cada día y dentro es un frenesí de fieles deseando tocar objetos sagrados que no sabemos reconocer a primera vista. Papa, vigila que nos atropellan. Pasamos todo el día camuflados entre excitadísimos musulmanes, cacheos, gente para arriba y para abajo haciendo fotos. Al atardecer, la gente hace colas para comprar galletas tradicionales de una pasta con sobrecarga de miel. Papa, aquí esto es uno desenfreno.

Iran
Qom

Iran
En el interior de la mezquita de Qom

Dejaremos Qom al día siguiente y llegamos a Teherán en tren. Tira, papa, tira, última parada. Tenemos un día casi entero para visitar la capital... del que nos sobra medio. Lo habíamos acertado. Digamos que en Teherán si vas para verla y no para vivirla... quizás te la puedes ahorrar. Es una ciudad inmensa, sin una personalidad definible desde el desconocimiento, masificada y destartalada pero despoblada de encantos antiguos que se dejen reconocer en una primera visita rápida. Es una urbe potente, la capital de una potencia regional, con una intensa vida de calle que para disfrutarla pide una calma para cogerle el pulso que no teníamos. Irán pero es mucho más, afortunadamente, e intuyo que lo que puede ofrecer se multiplicará en rutas secundarias que pocos viajeros exploran. Todavía. Un melón que hay que abrir. ¿Cómo? Sólo hay una manera, imaginación para dibujar las rutas por donde te quieran llevar tus botas. Nunca es tarde, papa, que tarde es una palabra pesada. Y no nos entra bien en la mochila.


Daniel García Giménez


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Dani García Giménez. 39 años. Ha arrastrado la mochila por 66 países de cuatro continentes. Viajar es parte de su identidad, que vive como un hecho natural y algo irrenunciable desde la niñez. Viajero polivalente al máximo, disfruta con la misma intensidad de culturas lejanas y paisajes naturales extremos en solitario, como de visitas contemplativas a cualquier ciudad europea en buena compañía.

Ferran García Peña. Padre de Dani. 65 años. Ha visitado una treintena de países. Conductor incansable, disfrutaba diseñando rutas en coche por toda Europa que después ponía en práctica. Viajero especialmente habilidoso y acostumbrado a recavar información en un tiempo donde no era tan accesible como actualmente. Conversaba con el personal de las agencias de viajes, se ponía en contacto con las embajadas, se hacía con una pila de mapas de tierras lejanas y empezaba a medir distancias y gastos, en un contexto viajero previo a internet donde todo cálculo y previsión era completamente artesanal.

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domingo, 18 de septiembre de 2016

El Irán de mochila con mi padre (1ª parte)


Irán era un melón por abrir. Hasta no hace mucho no conocía nadie que se planteara ir. Y ahora, los que son las cosas, es un destino que se está poniendo de moda entre viajeros de una cierta experiencia. Estaremos de acuerdo en que no es el primer lugar que viene a la cabeza para unas vacaciones relajadas, sol y playa, una buena cena en una terraza con vistas, no, no... ni siquiera está entre los primeros destinos que la gente, digamos normal, elegiría para aterrizar fuera de la conecidísima vieja Europa. Hay que salir del área de confort. Aceptado. Pero es un destino al alcance de todo el mundo. Aquí está lo que quiero explicar. No hay que ser un aventurero de piedra picada y de pasaporte trabajado a cincel en junglas y desiertos para visitar este país. Ni de lejos. Solo con un poco de imaginación por elegir algo de original llegas y con un pelín de empatía en la mochila, el país te premiará seguro con una experiencia irrepetible. ¿Cuándo ir? El momento es ahora. Es cierto que los lugares no se mueven, de acuerdo, pero el tiempo los hace evolucionar. E Irán, aquel melón que estaba por abrir, ahora permanece, puedo dar fe una vez abierto, en su punto de dulzura perfecto. Y quien entiende de fruta sabe que esto... no dura.

Primero pensé en ir solo, después se añadió mi padre, de sesenta y cinco años de edad. Manos a la obra, papa, que lo pasaremos genial. Viajero infatigable, literalmente, del que heredé el gusto por ir siempre algo más allá en lo desconocido. De pequeño aprendí a través de los viajes que él planificaba que se puede llegar por medios propios allí donde quieras. Romper la barrera psicológica respecto a que nada es demasiado lejos no es poca cosa. Gracias, papa, ¡te lo curraste! Años más tarde, lo apliqué a mi tiempo y a mis recursos. Hoy en día volar es mucho más asequible para bolsillos modestos, la gasolina es mucho más cara que años atrás, ahora hablamos más idiomas, tenemos al alcance guías de viaje, información y tecnología que era inimaginable hace muy pocos años, y las posibilidades de alojamiento y las facilidades para conseguir visados se han multiplicado. Y aquella Europa del Este de principios de los años noventa que había visto de niño estaba igual de lejos que ahora el Asia más exótica para un viajero adulto. Empecé a rodar solo, todo lo que pude, y ahora, un montón de años más tarde, era yo quien me proponía llevármelo a él a mi terreno, a mi manera de viajar. Tú fíate, papa, que controlo.

Taxi iran
Desayunando con taxistas

Dicho y hecho, me encargué de los trámites de los visados (un trámite caro, hay que enviar el pasaporte a Madrid o pedir a una empresa autorizada que lo haga), miré unos cuantos blogs de viajes por Internet (Quaderns de Bitàcola incluído, of course!) y prometí a mi madre que mantendría a su hombre alejado de las viajeras de más sesenta años y que lo devolvería en razonable estado de conservación (por milagros a Lourdes). No costó nada cumplir mi promesa. No, no. Mi compañero de mochila era duro de pelar y, lujos a un lado que son inexistentes, Irán resultaría ser un país la mar de fácil.

Era la primera vez allí y con diez días que teníamos no nos proponíamos descubrir la sopa de ajo. Así que escogimos un itinerario de lo más clásico:

El itinerario:

Día 1. Barcelona – Teherán
Día 2. Teherán – Qazvin
Día 3. Qazvin – Shiraz
Día 4. Shiraz – Persèpolis
Día 5. Shiraz – Esfahán
Día 6. Esfahán
Día 7. Esfahán – Natanz – Abyaneh – Kashan
Día 8. Kashan
Día 9. Kashan – Qom
Día 10. Qom – Teherán – BCN


De norte a sur, de Teherán hasta Persépolis, siguiendo una de las principales carreteras del país. Eso está hecho, papa, está hecho. Más tarde, incluiríamos las variantes de Qazvin, en el noroeste de Teherán, para optimizar el tiempo ante las pocas expectativas que nos sugería la capital. La gente que dispone de un par o tres más de días, acostumbra a añadir Yazd al itinerario. No era nuestro caso. Creo pero que nos quedó una propuesta muy arregladeta, útil para todo tipo de viajero y apto para bolsillos modestos (con un presupuesto en Irán de 30 euros por día y persona vas sobrado), pero, sobre todo, muy ajustado para una semana larga de vacaciones de estas que algunos afortunados podemos coger por pascua o navidades.

Para llegar allí volábamos con Pegasus Airlines, una low cost turca, que facilita unos vuelos muy simpáticos a Oriente medio, con escala en Estambul desde Barcelona, a precios que eran hace poco impensables. Por poco más de doscientos euros, sin remirar mucho, es fácil encontrar un vuelo de ida y vuela a Teherán. No ofrecen ningún servicio gratuito a bordo, ni comida, ni bebidas, ni sonrisas de uniforme, pero ¿quién los necesita? Eso sí, hay escalas y esperas en horarios intempestivos. En Estambul, nos sentiremos obligados a despedirnos de la cerveza con una Efes Pilsen en la barra de un pub de aeropuerto, viendo parte de un partido del Barça. Ya se sabe, dura vida de viajeros. Pide que nos pongan unos cacahuetes, papa. Mientras los nuestros sudaban la gota gorda para salvar los muebles de un partido que se había puesto de culo, nosotros perfilábamos nuestro primer objetivo: pasar olímpicamente de Teherán. Bien temprano, por la mañana siguiente, aterrizaríamos en la capital con el sueño incrustado en la moral y sin ganas de perder el tiempo. El plan quizás no era propio de un relojero suizo pero al ser práctico le vimos el qué. Iríamos directamente del aeropuerto a Qazvin para aprovechar el día y volver a Teherán para coger el bus nocturno a Shiraz.

qazvin, Iran
Bazar en Qazvin

Al bajar del avión, cinco minutos después de que todas las mujeres se encasquetaran los pañuelos en la cabeza antes de pisar la terminal, mira cómo corren, papa, tomábamos café y nos disponíamos a cambiar moneda. Después sabríamos que el café en Irán es un lujo y se paga caro en todas partes, pero lógicamente más todavía en los bares del aeropuerto. Ninguna novedad. Sí que recomiendo, por el contrario, cambiar dinero allí mismo, en el piso de arriba de la terminal de llegadas existe el mejor cambio que obtuvimos en todo el país. Desconozco las razones, pero solo permiten cambiar hasta una determinada cantidad de dinero. Con la logística arreglada nos dispusimos a ir al grano. Localizamos en la planta de abajo un mostrador donde se puede obtener un taxi con la tarifa oficial. Manos a la obra, papa, que lo tenemos. Preguntamos si era posible llegar a Qazvin directamente en taxi y nos dijeron que sí. Pregunté el precio. Demasiado barato. Otra vez. La chica del mostrador insistía, que sí que sí. Qazvin, no problem (350000 Rials / 10 euros, aprox.). Un chollo, ¿verdad? Subimos al taxi y nos lleva a Teherán, a la calle Qazvin, en el barrio de Qazvin, o vete a saber qué Qazvin, pero dentro de Teherán. Ya ves, un chollo. Lo hablamos con el taxista. ¿Tú como vas de gramática farsi, papa? El taxista que lo habla con su jefe y después nosotros a la vez con su jefe también por teléfono. La actitud del compungido taxista nos convence que todo es un error y acordamos que nos lleve a la estación correspondiente (hay unas cuántas), a coger el bus hacia Qazvin.

iran, qazvin
Mesquita en Qazvin

La ciudad respondió a las expectativas, es una toma de contacto interesante, representativa del Irán desconocido. Gente por la calle que entra a un mercado intrigante, donde los vendedores parecen vender tejidos, enseres y especies descargados directamente de una antigua caravana de la ruta de la seda. Nadie te presione, nadie te molesta. En Irán todavía no hay prácticamente turismo, y eso ahorra el cúmulo de malas prácticas asociadas para exprimir al guiri occidental. Los precios excesivos, las insistencias inacabables y los engaños no existen en Irán, como mínimo de momento. Que dure, papa, ¡que dure! En cambio, como era de esperar, no hay servicios turísticos. Además, derivado del hecho religioso, encontramos que en la cultura local no está previsto salir de bares, no hay terrazas ni nada que se asemeje. Para que nos entendamos, es más fácil que te inviten a uno te desinteresadamente por la calle que encontrar un negocio que te lo haga pagando. Evidentemente, el alcohol está prohibido. No se puede decir que el país sea una fiesta. A pesar de que de fiestas hay, pero en casa de cada cual, a pesar de que no se puede descartar que te inviten a una. La gente es amistosa, amable y comunicativa. Son curiosos y honrados. En absoluto cercados, ni radicales, ni ninguna de las tonterías que se pueden oír cuando se quiere meter a un país entero dentro del eje del mal. Afortunadamente, los prejuicios se esfuman rápidamente sobre el terreno y los iraníes son gente que se deja conocer. Es mil veces más complicado tener una conversación amistosa con una chica en la India que en Irán. Trabajando son profesionales, nunca te piden más de lo acordado y no esperan propinas. El problema llega cuando topas con las estructuras fijas de un estado que impone regulaciones en contra del tiempo presente.

Iran
Bazar en Qazvin

Iran
Nevando en la estación de autobuses de Qazvin

Mi padre quería llamar a mi madre, cosas del amor. Y, señores, ¿qué no se hace por una madre? Va, papa, preguntamos. Hay que comprar primero una tarjeta SIM del país en alguna de las tiendecitas estas que tienen de todo sobre telefonía móvil. Primer paso, todas te la pueden vender pero solo unas pocas tiendecitas escogidas pueden darla de alta. Segundo paso, entender sin hablar una pizca de farsi qué tienes que hacer, ya que aquello que te han vendido alegremente no funciona. Tercer paso, encontrar la tiendecita correcta en un sinfín de calles donde todas las tiendecitas y paraditas son un cajón desastre donde todo permanece apilonado en un espacio pequeño. Arrastramos la mochila por media ciudad, ahora no reniegues, papa, para encontrar el negocio destartalado que regentaba un hombre simpático y su mujer, pequeña y tapada. Nos habían dibujado el camino en un croquis que no sirvió de mucho, pero finalmente en el lugar la chica nos hizo el trámite reglamentario con copia de pasaporte, autorizaciones firmadas y huellas digitales. Papa, ya estás fichado, no vuelves, a ver ahora quién le explica a la mama.



Pensábamos que todo sería más complicado, pero la suerte nos devolvió el favor que nos debía desde el primer taxi. Creíamos que sería necesario volver a Teherán para coger un bus hacia Shiraz, pero no. Se puede llegar a Shiraz sin pasar por Teherán (450.000 riales / 13 euros, aprox.). Así pues, la parte logística más complicada de todo el viaje quedaba resuelta. En Irán, el transporte funciona bien. en un solo trayecto llegaríamos hasta el punto más al sur previsto de nuestro itinerario y de allí solo quedaría ir subiendo a medida que caían los días. Dormir en el autobús y despertar trece horas más tarde a casi mil kilómetros de distancia. Fácil. ¡Regalado, papa, regalado! Es en estos momentos de tránsito donde puedes digerir lo que va pasando cerca tuyo, es entonces cuando sabes que estás viviendo una aventura irrepetible y que, a la vez, el tiempo no te podrá robar nunca. La noche caía y los kilómetros pasaban dulces. Apenas empezábamos.

(Continuará...)

Daniel García Giménez


*¿Quieres leer la continuación del relato? Clica en: El Irán de mochila con mi padre (2ª parte)

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Dani García Giménez. 39 años. Ha arrastrado la mochila por 66 países de cuatro continentes. Viajar es parte de su identidad, que vive como un hecho natural y algo irrenunciable desde la niñez. Viajero polivalente al máximo, disfruta con la misma intensidad de culturas lejanas y paisajes naturales extremos en solitario, como de visitas contemplativas a cualquier ciudad europea en buena compañía.

Ferran García Peña. Padre de Dani. 65 años. Ha visitado una treintena de países. Conductor incansable, disfrutaba diseñando rutas en coche por toda Europa que después ponía en práctica. Viajero especialmente habilidoso y acostumbrado a recavar información en un tiempo donde no era tan accesible como actualmente. Conversaba con el personal de las agencias de viajes, se ponía en contacto con las embajadas, se hacía con una pila de mapas de tierras lejanas y empezaba a medir distancias y gastos, en un contexto viajero previo a internet donde todo cálculo y previsión era completamente artesanal.

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miércoles, 7 de septiembre de 2016

Y aquella rubia resultó ser filipina...

Tan solo llegar a Filipinas nos reencontramos. Nos habíamos conocido de jóvenes y desde entonces nos veíamos más o menos de manera habitual, a pesar de que ella era una más de entre otras: siempre me ha gustado ir variando y probar cosas nuevas. Casualmente también habíamos coincidido en Nepal, Hong Kong, Vietnam, Tailandia y Malasia, pero fue en Filipinas donde tuvimos una relación más intensa. El calor, la playita, el tiempo libre y las ganas de pasarlo bien lo facilitaban. No eran pocas las ocasiones en las que repetíamos: en el país de las 7000 islas ella era la reina. Fue también allí donde finalmente descubrí sus orígenes y su verdadera historia.

Por si todavía no habías caído... Estoy hablando de una marca de cerveza, ¡EVIDENTMENTE!


En un restaurante de la isla de Cebú, tomando nuestra primera San Miguel en Filipinas.

¿Sabías que la cerveza San Miguel tiene su origen en Filipinas?

Sinceramente, nosotros hasta hace muy poco lo desconocíamos. Cuando la habíamos encontrado en alguno que otro viaje por Asia siempre decíamos: “Ostras tú, mira que llega lejos la San Miguel” y efectivamente así era, pero lo hacía desde Filipinas y no desde España como incrédulamente pensábamos. Y es que en realidad fue allí donde nació la marca y donde tiene un grado más elevado de penetración en el mercado.

Fue en el 1890, cuando Filipinas todavía era una colonia española, que Don Enrique María Barretto de Ycaza creó en Manila la primera factoría de cerveza del sudeste asiático, una idea que bien podía calificarse de delirante si consideramos que en aquella época en aquellas comarcas era poca la población local que conocía esta bebida.

Don Enrique no partía de cero, la fábrica absorbió la producción de un pequeño convento de frailes agustinos que habían empezado a producir cerveza por consumo propio cinco años antes en la capital. No se complicó mucho a la hora de bautizar la marca: eligió el mismo el nombre del barrio de Manila donde se ubicaba. Tampoco al elegir el día para inaugurar la factoría: la festividad de San Miguel. El negocio no le fue mal, en poco tiempo la cerveza San Miguel pasó a ser un referente en el país, en el 1914 ya se exportaba fuera de sus fronteras y en el 1952 ya era la cerveza más consumida del continente asiático.


En Nepal, primer país asiático donde nos encontramos con cervezas de la marca filipina.

No es hasta el 1946 que empieza la historia de “nuestra” San Miguel. En febrero de aquel año se constituye en Lleida la sociedad "La Segarra S.A.", filial del sindicato agrícola de Cervera. El año 1953 sus principales accionistas firman el "Acuerdo de Manila" con el presidente de San Miguel Corporation Filipinas para fabricar la cerveza en España y empiezan su producción, de forma independiente a la matriz filipina. Inicialmente la cerveza coge el nombre de la sociedad pero en el 1957 "La Segarra S.A." cambia de nombre y pasa a denominarse “San Miguel Fábrica de Cerveza y Malta, S.A.”. A pesar de compartir origen, nombre y un logotipo muy similar, las dos "San Miguel" han seguido caminos diferentes.

¡Salud!

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martes, 23 de agosto de 2016

Entrevista a Gustavo, un argentino por el mundo


A Gustavo, un argentino que se ha pasado casi media vida viajando por el mundo, lo conocimos en Georgia, concretamente en Tiflis, la capital del país, cuando nos encontramos en una de las excursiones de un día que habíamos reservado en una agencia para ir a visitar los monasterios de la zona. Fue en los trayectos de furgoneta donde empezamos a hablar de nuestra pasión viajera que teníamos en común, y conectamos desde el primer momento. Tanto es así que hicimos coincidir nuestra estancia en el siguiente país que visitábamos, Armenia, y fuimos juntos a Nagorno Karabagh, una república no reconocida oficialmente que pertenece a Azerbaiyán pero independiente de facto. También hicimos una ruta por Armenia para conocer comunidades minoritarias, como los "yazidi" y los "molokans", de los cuales tenemos muy buen recuerdo. Unos meses más tarde, Gustavo vino unos días a Barcelona y disfrutamos de su compañía.


A Gustavo le gusta y se ha formado como chef, y ha tenido una de las profesiones más extrañas que conocemos: la de "Skychef", lo que viene a ser un cocinero que diseña los menús de los vuelos. ¿Y qué mejor manera de aprender sobre gastronomía del mundo que viajando? Eso es lo que hace él, viajar tanto como puede y visitar los mercados de cada lugar, probar nuevos platos, aprender nuevas recetas, experimentar en su cocina...Si queréis saber qué lugares gastronómicos visita y aprender muchas cosas interesantes de la gastronomía de muchos destinos, podéis seguir su blog y su página de facebook. ¡Seguro que os entran muchas ganas de probar muchos platos!

Después de saber que ha estado en nada más ni nada menos que en 99 países (¡casi un centenar!), teníamos curiosidad por saber qué lugares le gustaría visitar, qué anécdotas viajeras nos puede explicar y qué es lo que más le gusta de esta vida medio nómada que lleva.


Perfil viajero

¿Cuántos países has visitado? 99.
    ¿Peso habitual de tu mochila? 15kg.
    China¿El último viaje? Albania, Macedonia, Kosovo, Montenegro, Bosnia y Croacia.
      ¿El próximo destino? Nueva Zelanda/Canadá.

      ¿El destino favorito? (ciudad o país) Londres, mi segunda casa.
        ¿Un rincón especial cerca de casa? Argentina es un país increíble y me quedo con el Norte (Tucumán, Salta, Jujuy)
          ¿Un destino/viaje soñado que te quede pendiente? ¡Muchos! Tibet, Myanmar, volver a Japón, Nueva Zelanda, ¡centenares de destinaciones y sueños!

          ¿Si pudieras hacer un viaje en el tiempo, dónde irías?A  Jordania mientras construían Petra, y a Egipto mientras vivían los faraones y se construían las pirámides. También a China en la época de los emperadores.
            ¿Una lectura para un trayecto largo?Siempre leo sobre la cocina de los lugares que visito y sus mercados.
              ¿Música para escuchar mientras viajas? Rock nacional argentino de los 80-90's.
                ¿Una película que te haga viajar? Into the wild (Hacia rutas salvajes), salir de la zona de confort, cruzar los límites, descubrir, vivir aquello desconocido y reflexionar sobre la vida.



                  La entrevista


                  ¿Cómo empezó tu pasión viajera?

                  Soñando... Hasta los 20 no había pasado de algunas vacaciones con mi familia o amigos en lugares cercanos, y después de mi primer viaje cuando me fui a vivir a Londres en el 2001 me di cuenta de lo que me producía el viajar, conocer otros lugares, otra gente, otras culturas, otras cocinas, nuevos productos, y me dediqué a conocer los lugares mas emblemáticos de Europa. Pero el gran clic fue cuando tuve la oportunidad de irme a vivir al Medio oriente en el 2006. El poder viajar y conocer lugares que creo nunca pensé iba a conocer me demostró lo pequeño que era el mundo y que nadie ni nada podía controlar esta adicción a viajar...

                  China

                  ¿Cuál es el viaje/destino que te ha marcado más como viajero?

                  Creo que cada lugar y cada destino me marcaron. Mi primer viaje largo de mochilero en el 2010 por Sudamérica fue algo que sin duda me marcó a fuego y que cambió mi manera de ver la vida.

                  Bolivia

                  ¿Cuál es el destino que más te ha sorprendido y por qué?

                  ¡Que complicado elegir! Siempre digo que Jordania fue un lugar que me dejó la cabeza a punto de explotar, igual que Egipto y otros lugares del mismo estilo en Asia, como la China o el Sudeste Asiático. Son lugares en los cuales las cosas que ves parecen imposibles de explicar, o SON imposibles de explicar...


                  ¿Una anécdota divertida?

                  ¡Creo que fue hace poco y la comparto con vosotros: una que vivimos en Armenia! Donde buscando una familia de los pueblos minoritarios en una zona rural se nos hizo tarde y de noche, pero finalmente con la ayuda de la guía acabamos compartiendo un momento irreal con una familia que nos abrió las puertas de su casa sin conocernos, nos explicó de sus vidas con la ayuda de la guía que traducía, y compartió queso y pan hecho por ellos cuando los pregunté por sus tradiciones culinarias. Pero el momento mas gracioso fue cuando Celia tenía que amamantar a Ivet y nos hicieron salir a todos los hombres de la habitación donde estábamos, la guía se quedó dentro y no sabíamos como comunicarnos, nos mirábamos entre todos (ellos y nosotros) y reíamos de nervios, pero cómo había visto un póster de Messi empezamos a nombrar jugadores de fútbol y clubes y así se pasó el rato entre peleas a ver quién era el mejor, ¡si el Real Madrid o el Barça! Y por si fuera poco, antes de irnos nos invitaron a pasar la noche aquí para quedarnos a la boda de una de sus hijas y hasta iban a sacrificar una vaca en honor nuestro!!! Creo que todos nos quedamos con las ganas, pero no pudimos hacerlo porque al día siguiente teníamos que marchar de viaje! Cosas que nunca se borrarán de mi cabeza y de mi corazón.


                  ¿Y una anécdota no tan divertida?

                  En un viaje por los países nórdicos, saqué un vuelo a muy buen precio entre Estocolmo y Helsinki, estaba muy contento porque era casi imposible conseguir algo que pudiera pagar con el presupuesto que tenía, ¡pero lo había conseguido! O eso pensaba... Cuando llegué al aeropuerto empecé a buscar el vuelo en las pantallas de información y no aparecía por ningún lugar... Fue en la oficina de la aerolínea y aquí fue cuando me dijeron que el vuelo era con esta compañía, que existía, que el día era el 14... pero no de este mes, del mes siguiente!!!!! Por suerte acabó bastante bien y por una suma no muy elevada pude cambiar el ticket para volar este día :)


                  ¿Qué es lo más importante que has aprendido viajando?

                  Creo que viajando aprendí a vivir, a ser más tolerante, a entender que somos todos diferentes pero al final somos todos iguales, que lamentablemente no todos tenemos la suerte de poder elegir lo que hacemos con nuestras vidas, que no todos tenemos las mismas armas y herramientas para enfrentar la vida como queremos y no como podemos y que si muchos tienen esta suerte no la aprovechan! Que el poder elegir tendría que ser un derecho universal. Que todo lo que divide no sirve, que hay que respetar lo que cada uno cree y piensa, pero que eso sería diferente si uno naciera y viviera en otro lugar, que cada uno tiene que formar su opinión haciendo con sus manos, viendo con sus ojos y escuchando con sus oídos, que hay mucho por descubrir y que nunca se deja de aprender, creo que cuanto más viajo más conozco y menos sé...



                  ¿Por qué recomendarías a otras personas viajar?

                  Personalmente creo que va bien salir de la zona de confort, enfrentarse a diferentes realidades, lugares, comidas, idiomas, culturas, gente, hace que uno vea todo de otro modo. Creo que viajar saca prejuicios y nos hace entender que el mundo no es como lo conocemos en casa solamente. ¡Viajar te hace pensar y te hace soñar!



                  Un consejo práctico para futuros viajeros.

                  ¡Alguna vez en la vida traten de viajar sin destinos ni tiempos fijos!


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