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miércoles, 9 de noviembre de 2016

Mostar, recuerdo vivo de la Guerra de Bosnia



Bosnia y Herzegovina


10:15 de la mañana del 9 de noviembre de 1993: el Puente Viejo de Mostar, obra maestra de la ingeniería otomana, es destruido por la artillería croata. Aquel día, junto con las piedras del puente cayeron río abajo los siglos de convivencia que hasta entonces habían mantenido las comunidades religiosas de la ciudad. Al oeste del río Neretva vivían principalmente los croatas católicos, mientras que en el este lo hacían los bosnios musulmanes. Esta división no había impedido que la ciudad conviviera hasta aquel momento en un ambiente ejemplar, dándose incluso no pocos matrimonios mixtos entre católicos y musulmanes. De hecho, bosnios y croatas se habían aliado al inicio de la guerra para expulsar al Ejercido Popular Yugoslavo, formado por los serbios ortodoxos. Pocas semanas pasaron de aquel hecho que los antiguos aliados empezaron a combatir entre ellos por el control de la ciudad.




Hasta aquel día de noviembre, el puente había conseguido mantenerse en pie estoicamente entremedias de una ciudad semi destruida por el debatir de las bombas. No se consideraba una construcción estratégica, pero tampoco lo eran el monasterio franciscano, la catedral católica, el palacio del obispo, el monasterio serbio de Žitomislić, las dos catedrales ortodoxas o la decena larga de mezquitas que fueron destruidas durante la guerra fruto del odio étnico-religioso. Seguramente el único delito del puente había sido justamente este, formar parte de la historia dorada de una de las comunidades enfrentadas.

Sin duda la caída del Puente Viejo de Mostar fue uno de los capítulos más simbólicos de la Guerra de Bosnia. Nosotros éramos todavía unos adolescentes, pero este suceso quedó grabado en las retinas de nuestros ojos, seguramente porque, a diferencia otros conflictos armados más lejanos, este estaba sucediendo en Europa, apenas a 2000 km de nuestra casa.

Reconstruido de nuevo en el 2004 gracias a las ayudas internacionales, el Puente Viejo vuelve a lucir como icono de la ciudad. Pero no es tan fácil reconstituir los lazos entre las diferentes etnias. Aunque hayan pasado más de veinte años, los recuerdos de la guerra todavía están muy presentes.






Por el casco antiguo de Mostar pasean hoy hordas de turistas que están de paso, muchos de ellos seguramente atraídos por la historia del puente -como nosotros mismos-. Las balas que ayer arrebataban vidas ahora se han transformado en frívolos souvenirs con forma de bolígrafos o pequeños aviones. No se ven ahora los soldados atravesándolo a toda prisa, hoy el puente se lo han hecho suyo algunos pacientes nadadores que esperan recoger una buena propina a cambio de mostrar su valentía saltando los 27 metros que les separan de las aguas del río Neretva. La única lucha que a primer vistazo resta visible es la de los restaurantes, que se disputan los clientes intentando ofrecer las mesas con las mejores vistas sobre el río. Todo ello con una falsa apariencia de una armonía que percibimos más bien como forzada.

No hace falta alejarse mucho del barrio viejo para ver que las heridas de la guerra todavía están por cicatrizar, pero en cambio son pocos los foráneos que se aventuran: quien lo hace, tropieza de golpe con la cruda realidad. Solo hay que seguir la carretera principal que atraviesa la ciudad, esta misma durante la guerra ejerció de línea del frente durante unos meses. Andando unos centenares de metros ya se pueden empezar a observar estructuras de edificios destruidos que permanecen tal cual quedaron al acabar la guerra. Quien piense que se conservan a propósito para recordar lo que allí pasó se equivoca: simplemente no hay dinero para restaurarlo todo. En otros edificios, conviven con naturalidad la ropa extendida en los balcones con las marcas de metralla y balas de la fachada. También en el asfalto son visibles todavía sus huellas.


Bosnia y Herzegovina


Bosnia y Herzegovina


Bosnia y Herzegovina




Bosnia y Herzegovina


A nosotros nos impresiona pero para la gente de aquí es simplemente el paisaje urbano de su día a día, nos sorprendre la naturalidad con la que conviven. La vida continúa y tienen suerte de poderlo contar, en las lápidas de los cementerios las fechas de nacimiento varían, pero las de defunción casi siempre convergen en los años de guerra que sufrió la ciudad.

Don't forget.


guerra Bosnia y Herzegovina

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jueves, 25 de febrero de 2016

Kupari, la bahía de los hoteles abandonados cerca de Dubrovnik


Muy cerca de ‪Dubrovnik‬ existe un lugar insólito, de aquellos que no salen en las guías pero que son de película. La bahía de Kupari no recibe las oleadas de turistas que cada día invaden la famosa ciudad vecina, todo lo contrario: se pueden contar con los dedos de la mano los extranjeros que se llegan hasta aquí, únicamente unas cuántas familias locales se acercan para disfrutar de sus aguas.

Croacia


La bahía de Kupari es hoy una sombra de aquello que fue, reminiscencia de una época dorada marcada por la guerra serbo-croata. Allí quedan los restos de los edificios de un centro de vacaciones de lujo construido durante los años sesenta por el Mariscal Tito, líder de la Yugoslavia comunista. El Pelegrin, el Kupari, el Goricina I, el Goricina II, Grand y el Mladost: seis hoteles en primera línea de mar con un total de 2000 camas, además de un camping con capacidad para 4500 personas más, conformaban este resort reservado inicialmente a una élite militar y sus familias. Incluso el mismo Tito tenía aquí una de sus casas de vacaciones.

En la década de los 80, coincidiendo con la apertura del propio país, Kupari se abrió a los turistas extranjeros y sus divisas. A pesar de que continuó siendo gestionado por el Ministerio de Defensa, la bahía pasó de ser un destino marcial a convertirse en un lugar de moda de la jet set occidental, donde se venía a lucir figura y a posar para las revistas del corazón. Al pertenecer a un país del este, este era un destino exótico para la época.

Cuando llegó la guerra, la bahía fue uno de los primeros objetivos de los serbios y el glamour de tiempos pasados se esfumó con las primeras bombas. El hotel más grande, el Kupari, fue devorado por las llamas de un incendio provocado uno de los bombardeos y de él solo queda su desnuda estructura. El Pelegrin fue tocado por varios misiles, pero fueron los soldados croatas, los que lo usaron temporalmente como cuartel militar i quienes lo acabaron de destrozar. Los hoteles que resistieron mejor los bombardeos de la guerra no consiguieron resistir las visitas de los buscavidas que los saquearon después llevándose todo lo que tuviera un mínimo valor. La fuerza de la naturaleza -que ha ocupado de forma selvática los jardines y accesos- y el paso del tiempo han acabado de dar forma al lamentable estado que presentan los edificios en la actualidad.

Hoy en día, pasear por esta zona es, cuando menos, desconcertante. Paseamos completamente solos por donde antes se exhibían ricos y famosos. Vemos los restos de la metralla y las fachadas tal y como quedaron después de los ataques, parece que pasó ayer pero ya hace 25 años de esto. Sus interiores están completamente vacíos, solo un silencio sepulcral ocupa los aposentos. Se han convertido en edificios enormes abandonados, testigo mudo de una guerra que nunca tendría que haber existido.


croacia


croacia


croacia


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bahia kupari

croacia


bahia kupari


croacia


croacia



Información práctica:

Cómo llegar:

La bahía de Kupari se encuentra a 10 km en el sudeste de Dubrovnik, siguiendo la carretera de la costa del Adriático dirección hacia Cavtat. Se puede llegar en transporte público cogiendo uno de los autobuses de la compañía "Libertas" que hacen la ruta entre estas dos ciudades. Desde la parte antigua de Dubrovnik, salen de la parada de Pile Gate y la frecuencia de paso es de aproximadamente cada hora (preguntad en la oficina de turismo, que se encuentra en la misma plaza). Para bajar a la bahía de Kupari tendréis que preguntar al conductor, que os dejará en un cruce de carretera. Desde allí tendréis que bajar por un camino asfaltado en dirección al mar. No tiene pérdida, primero veréis las instalaciones del camping y posteriormente los primeros hoteles. No son más de 10 minutos a pie.

De viajero a viajero:

Si dispones de tiempo y te gustan los lugares abandonados, esta es para nosotros una visita imprescindible. A diferencia de Bosnia y Herzegovina, son pocos los lugares de Croacia donde las heridas de la guerra se hacen tan evidentes. Es un lugar todavía por descubrir: a pesar de su proximidad con Dubrovnik, pasearéis por los restos de los edificios completamente solos.


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