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viernes, 28 de diciembre de 2012

El Caribe colombiano, explosión de colores


Autora invitada: Aina de Lapparent

Llegamos a Cartagena de Indias. En un primer momento incluso me gustó el aeropuerto. Es pequeño, rodeado de palmeras. Llegamos en una noche húmeda y calurosa, una oleada de aire caliente nos recibió tan sólo bajar del avión. Alojados en el hostel Casa Viena en el barrio de Getsemaní empezamos a compartir informaciones, calores y sudores con los numerosos viajeros de todo el mundo que llegan en Cartagena. El espíritu routard nos invade y cada atardecer esperamos el momento de compartir, escuchar aventuras y sueños posibles.



La ciudad colonial está llena de luz y de colores ocres, rojizos, fachadas y patios florecidos... los mejores pintores colombianos vienen de allí. Siempre me han atraído las ciudades rodeadas de murallas. Pero Cartagena también tiene sectores donde se puede observar el desarrollo urbano y turístico más reciente: Bocagrande, el Laguito... Nosotros decidimos descubrir otra Cartagena. De sombra en sombra, de plaza en plaza, de patio en patio, medio obnuvilados por el calor y la humedad, paseamos, miramos, entramos...


Cartagena de Indias

Con la brisa marina llega el crepúsculo y la ciudad se transforma. La calle y las plazas cada instante están más llenas y las puertas y ventanas de las casas, tan abiertas como el carácter de los locales, dejan entrever la noche caribeña con rumor de sonido de televisiones encendidas.




Neustro viaje por el Caribe continúa en Santa Marta. Aunque muchas guías la presenten como una ciudad de paso, es agradable y también es un punto de salida hacia otros muchos destinos. A 5 km de Santa Marta después de un pequeño trayecto en buseta por montaña encontramos Taganga, un pueblo de pescadores desde donde con una barca local accederemos en una playa vecina.




Después de un día típico de arena y playa nos dirigimos hacia el Parque Nacional de Tayrona. Es aquí donde Sierra Nevada, la cadena montañosa más alta de Colombia, además de 5.800 m y con nieves perpetúas, encuentra el mar. Este hecho da al lugar un relieve singular y una riqueza ecológica excepcional. Con las mochilas debidamente llenas de víveres y sacos de agua (alguien nos ha prevenido que todo es muy caro adentro el Parque), penetramos dentro de la jungla por una ruta señalada. Para adentrarse en el parque es imprescindible seguir las rutas marcadas y, en algunos casos, ir acompañados de guías autorizados. El lugar ofrece ciertos peligros, que hay que conocer.


Tayrona National Park, P.N. Tayrona, parque nacional de colombia, parques nacionales de colombia

Después de 40 minutos en medio de una vegetación espesa y desbordante, el camino se va haciendo más y más impresionante. En mitad del trayecto se llega a un acantilado que cae el mar. Dicen que es aquí donde los indígenas se encontraron el mar después de días viajando. Reposamos en silencio, sorprendisos por la belleza de lugar.



Una estancia en uno de los Ecohabs se escapa de nuestro presupuesto, però eso no es un problema, nos alojamos en el camping de al lado de la playa de Arrecifes. Como hoy llueve y una hamaca puede ser una experiencia fuerte, alquilamos una tienda. No estamos solos, nos acompañan bichos de todo tipo.

Al cabo de dos días dejamos atrás el Parque, tendremos que volver en otra ocasión para hacer la excursión al “Pueblito”, uno de los lugares más relevantes por el intercambio de productos entre los indígenas. Nos dirigimos hacia la Guajira -la península al nordeste del país, al pie de Sierra Nevada- y llegamos a Palomino, un pueblo de pescadores situado entre dos ríos y con una playa tan impresionante como peligrosa por las corrientes marinas. Como no es nada recomendable bañarse en la playa, seguimos las costumbres locales y en el río Palomino vivimos una experiencia indescriptible: bajar por el río sentados encima de neumáticos de camión en medio de la jungla. Una experiencia de la cual no tenemos imágenes fotográficas, pero sí un recuerdo imborrable.

Naturalmente para hacer el descenso hace falta primero subir. Nos acompaña un amigo, montaña arriba. Por el camino nos cruzamos con los indios wayuu y kogui que todavía hoy habitan en las montañas de Santa Marta. Una vez llegados a destino, nos lanzamos y el río se nos lleva; a pesar de que a veces sufrimos un poco después de una hora de bajada reencontramos el mar Caribe. Al día siguiente, llenos de moratones y quemados por el sol, nos relajamos con un rato de lectura en una hamaca ante el mar.


bamboo house
Casita de bambú donde dormimos en Palomino

Visto que no disponemos de tiempo para llegar al Cabo de la Vela, modificamos nuestra hoja de ruta inicial y decidimos volver a Cartagena y hacer una estancia en las míticas Islas Rosario. A una hora en barca rápida desde Cartagena y después de visitar la famosa Playa Blanca, llegamos a la Isla Grande de Rosario... Un lugar paradisíaco...

La imagen idílica caribeña nos da la bienvenida, playas de arena blanca y un azul deslumbrante. La arena es coral deshecho y levantando la vista puedes ver (dicen) el mar de seis azules turquesas diferentes. El agua está caliente pero agradable, la arena llena de sorpresas. Nosotros aprovechamos para bañarnos, recoger piedras, hacer snorkel y observar los corales y pescados de colores. Por la noche nos espera una otra experiencia única cómo es bañarse en un lugar donde se encuentra plancton fosforescent: cada movimiento genera burbujas o estrellas. Es simplemente mágico... ¡Aunque ojo! ¡alerta a los “tiburones” que amenazan con las invasiones masivas de turistas!


Isla Grande, Rosario, Colombia

Eco-hotel Las Palmeras, Ecohotel Colombia, Isla Grande del Rosario


Antes de marchar de la isla aprovechamos para conocer su pueblo. Más allá de los circuitos turísticos, una pequeña comunidad intenta sobrevivir. No sin dificultades, una pequeña escuela ayuda a formar jóvenes emprendedores que generen trabajo a la comunidad. En este sentido la iniciativa del Ecohotel Las Palmeras, en el cual nos alojamos, merece un reconocimiento. Un projecto sólido, construido paso a paso.

Regreso en Cartagena, la sentimos ya nuestra y aprovechamos los dos días que nos quedan para vivirla intensamente. Entre otras cosas seguimos un partido del Barça en un bar con gente de la ciudad. Aunque la derrota, la sentimos tan lejos...

Isla Grande, Rosario, ColombiaNuestro viaje se acaba aquí y volvemos en Barcelona donde la ciudad y nuestro mundo, completamente diferente al que hemos visto estos días, nos espera. Aquí también se acaba el relato de mi viaje en el blog. Durante este viaje he aprendido y conocido...


Colombia y los colombianos me han enseñado que todo es cuestión de soñar, que todo es posible!



¡Hasta la próxima!




Aina también ha escrito:
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Aina tiene 15 años y este verano pasado ha cruzado el Atlántico por primera vez para hacer un viaje con la familia durante un mes. La experiencia de conocer nuevas realidades le ha gustado tanto que espera volver a viajar muchas veces a lugares igual o más interesantes. Es nuestra invitada del mes de diciembre y temporalmente le hemos cedido el blog para que nos explique su viaje a Colombia. -- Enric i Celia



lunes, 24 de diciembre de 2012

Colombia: perdidos entre cafetales


Autora invitada: Aina de Lapparent


Nuestro destino es pasar siete días en una finca cafetera cerca del pueblo de Anserma en la región de Caldas, justo en medio de la zona cafetera de Colombia.

Siete horas con un coche particular para hacer 189 kilómetros! "Aquí sabes cuando sales pero nunca cuando llegas”. ¿Cuántas veces lo hemos oído decir?; Sí, los trayectos son imprevisibles, y difícilmente puedes preveer el tiempo que requiere ir de un lugar al otro. ¡Está claro que son carreteras de montaña, curvas una detrás de otra, patinazos, subidas y bajadas, cambios de rasante, trozos sin asfaltar...!



Durante el trayecto encontramos obstáculos permanentes, pero los caminos no son en absoluto solitarios. Durante todo el viaje nos acompañan numerosos camiones llamados tractomulas, peajes, estaderos, vendedores ambulantes de obleas, de empanadas, de pan de queso... La topografía es cada vez más accidentada, la vegetación más espesa, el verde más diverso y las nieblas nos transportan hacia un paisaje único.

Llegamos a destino bajo una lluvia tropical. Nos sonríen, traemos suerte: el café necesita mucha. Cómo que ha caído el sol, no vemos mucho, pero hay algo exuberante en el ambiente.


Con las primeras luces del día podemos apreciar toda la belleza del lugar. Un paisaje infinito de plantaciones de café, palmeras, bananeros, el río serpentea al fondo del valle, y, al horizonte, detrás las montañas, el Pacífico. Son las seis de la mañana y todo parece indicar que ya hace rato que el pueblo está despierto. Carreteras llenas de gente que sube y baja, niños uniformados que van hacia la escuela, yupaos y busetes a rebosar arriba y abajo.


La estancia en la finca cafetera nos permite vivir de cerca la vida de los campesinos de la zona, que trabajan la tierra con pasión y dedicación. Los días empiezan temprano aromatizados de café y con un buen almuerzo. Hoy visitamos la plantación, nos explican todo el proceso de recolección y transformación del café en un producto de primera calidad. También conoceremos como los productores de café se organizan alrededor de sus cooperativas locales y de la Federación Nacional de Cafeteros.




En la plantación hay una cierta desazón, empiezan a aparecer los primeros granos rojos, de aquí a tres o cuatro semanas empezará la gran recolecta, eso sí, hace falta que llueva. Cuanto más lluvia mejor. Nos perdemos entre los cafetales... y aprendemos a utilizar el machete.



Tenemos suerte, son las fiestas del pequeño pueblo de Anserma. Las calles y las plazas todavía más llenas si es posible. La escuela, el mercado, el cementerio, los taxis, los yupaos, las mulas, la iglesia, los perros, los cafés y los billares también están a rebosar.




Desde Anserma visitamos otros pueblos vecinos, escondidos en medio de esta geografía ondulante y accidentada. Tampoco perdemos ocasión para probar la gastronomía local: tamales, sancocho, patacon, destierra paisano... siempre acompañados de una buena dosis de fríjoles y un buen zumo de fruta. ¿Cómo alguien puede negarse a descubrir nuevos gustos, nuevos colores? Del maracuyá al lulo, la guanabana, el tomate de árbol... con agua o con leche, pero a todas horas.




Desafortunadamente el Parque Nacional Natural de Los Nevados de Ruiz está cerrado por alerta de erupción y no pudimos visitarlo. Aprovechamos para bañarnos en las aguas termales de Santa Rosa donde hay tres tipos de aguas termales naturales que llegan hasta los 70 grados. Visitamos Manizales
, ciudad universitaria joven con un centro comercial muy activo donde, por cierto, proliferan las casas de juego y apuestas. Más tarde, paseamos por Recinto del Pensamiento y visitamos un invernadero de mariposas, un jardín de orquídeas con centenares de especies diferentes desde donde observar colibrís autóctonos. Es la temporada de las estrellas, gente de todas edades elevan sus sueños en su punto más alto de la ciudad.



De regreso a la finca, de nuevo el paisaje infinito del café nos acompaña. Una noche más, dormimos entre sacos de café para tostar. La noche es oscura en el horizonte, los relámpagos de la tormenta del Pacífico, tan cerca y tan lejos a la vez. ¡Esta vez no es posible, el Caribe nos espera!





Aina también ha escrito:
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Aina tiene 15 años y este verano pasado ha cruzado el Atlántico por primera vez para hacer un viaje con la familia durante un mes. La experiencia de conocer nuevas realidades le ha gustado tanto que espera volver a viajar muchas veces a lugares igual o más interesantes. Es nuestra invitada del mes de diciembre y temporalmente le hemos cedido el blog para que nos explique su viaje en Colombia. -- Enric y Celia


viernes, 21 de diciembre de 2012

Medellín, la ciudad de la eterna primavera




Medellín, situada a 1500 m de altitud es la capital de la región de Antioquía. Ahora, después de una historia de todos (mal)conocida, renace. Hoy es un centro financiero, industrial y comercial de primer orden y una de las ciudades más prósperas del país.

vistas de medellin, vistes de medellin


El tópico describe Medellín como la ciudad de la eterna primavera. Más que nunca, a día de hoy podríamos añadir que sus habitantes son conocidos por su espíritu emprendedor y llenan las calles con alegría, entusiasmo, optimismo, esperanza, bullicio, caos... La ciudad entera es como un calidoscopio gigante donde el viajero encuentra la ocasión de perderse y de reencontrarse. No hay una manera definida de conocer la ciudad, y aunque hay que conocer los atractivos turísticos, nada mejor que disponer del tiempo suficiente para pasear sin rumbo fijo.




Un idioma compartido, una mirada curiosa y un espíritu abierto a dejarse sorprender, nos ayudan a descubrir el latido real de una ciudad en constante transformación. Uno de los proyectos que ha tenido un impacto más fuerte en la ciudad ha sido la creación de un nuevo sistema de transporte público: con el metro y el Metrocable se está transformando de manera radical no sólo la ciudad, sino la vida de sus habitantes. Subir al Metrocable es vertiginoso tanto por la altura como por ver la vida de barrio que se desarrolla a tus pies.



Para entender la historia reciente de la ciudad es imprescindible el contacto con sus ciudadanos y entablar conversación. Su amabilidad y el lenguaje suave nos invitamos a hablar, hablar de todo. Economía, política, literatura, gastronomía, moda... Sólo así podemos entender la confianza que los inspira para resistir y la capacidad que tienen para tirar adelante.

De la mano de Joelle, profesora de la Universidad de Antioquía, y de Carlos y Julio César, estudiante de Filosofía, tenemos la oportunidad de conocer más de cerca la Universidad pública. Desde el campus nos muestran y nos relatan cómo la comunidad universitaria, en alerta y en lucha permanente, no renuncia al sueño de un país más justo, más libre.



La enorme vitalidad cultural de la ciudad es presente tanto a los centros cívicos y culturales de los barrios como en los grandes equipamientos culturales que adornan con numerosos banderines las calles de la ciudad. El acontecimiento más destacado de aquellos días ha sido la Feria del Libro y de la Cultura, organizado en el Parque Botánico. La feria ofrece una gran diversidad de oportunidades para los autores, las editoriales, libreros, las bibliotecas, los lectores... Es difícil de imaginar un escenario mejor. Las pequeñas carpas blancas se extienden en medio de un bosque tropical, se pierde de vista su magnitud. Hay actividades tan agradables como escuchar un cuento, estirada, la cabeza apoyada en una almohada...mientras todo tipo de bichos pasean a nuestro lado.


parque botanico de medellin

parque botanico de medellin


De aquí a tres setmanes volveremos a Medellín. Los días que nos queden los aprovecharemos para conocer un poco más los atractivos turísticos de la región de Antioquía.





En dirección al oeste llegamos arribem a Peñol, y Guatapé, un pueblo pintoresco al lado de un lago, una explosión de color que nos ha acompañado durante do el viaje antes de volver a Medellín.





¡Medellín es un pozo de talento y creatividad, y punto de encuentro entre gente escepcional!


Aina también ha escrito:
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    Aina tiene 15 años y este verano pasado ha cruzado el Atlántico por primera vez para hacer un viaje con la familia durante un mes. La experiencia de conocer nuevas realidades le ha gustado tanto que espera volver a viajar muchas veces a lugares igual o tan interesantes. Es nuestra invitada del mes de diciembre y temporalmente le hemos cedido el blog para que nos explique su viaje a Colombia. -- Enric y Celia



    martes, 18 de diciembre de 2012

    Aina, autora invitada del mes de diciembre


    El primer "gran viaje" siempre se recuerda de una manera especial, es un viaje que marca y que hace despertar en la persona la pasión viajera. Este mes tenemos una joven invitada que nos expondrá, en primera persona, estas sensaciones.

    Durante los próximos días Aina nos explicará su experiencia en Colombia, país que nosotros todavía no hemos tenido la oportunidad de visitar pero que, después de leer los escritos de Aina, pasa a formar parte de la lista de destinos pendientes. Os dejamos directamente con nuestra autora invitada del mes de diciembre.


    Colombia, cruzar el Atlántico por primera vez

    Antes de este viaje, a pesar de que había tenido la suerte de poder viajar, nunca había ido tan lejos y tanto tiempo, y no lo había vivido todo tan intensamente. Soy Aina, tengo 15 años, este verano crucé el Atlántico por primera vez y espero que no sea la última.

    amaca en la playa, amaca a la platja

    Sinceramente, antes de ir a Colombia poca cosa sabía de ella, escepto su capital. Ahora me resulta difícil describir un país tan diverso, sorprendente y desconocido. ¿Cómo es posible que al principio un mes de viaje me pareciera tanto tiempo? ¿Cuántos veces durante el viaje hemos tenido que revisar nuestra hoja de ruta por falta de tiempo? El tiempo, otra cosa que en Colombia y sobre todo en el Caribe va a un ritmo diferente. Llegar tarde es habitual y está lejos de nuestro ritmo frenético. Moverse no es nada fácil y todavía menos con rapidez. ¡Paciencia!

    Ahora me doy cuenta que los diferentes problemas de seguridad y la accidentada historia reciente han conseguido esconder todas las otras realidades de Colombia. No me he sentido nunca insegura. Hoy, el país está más cerca de la paz y del diálogo. A pesar de la diversidad de opiniones, los colombianos creen mayoritariamente que ha llegado la hora de construir un futuro, aunque no será fácil cambiar las reglas del juego.

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    No nos dejemos engañar menospreciando la vitalidad de Colombia, la realidad es diferente. ¡Colombia, tira adelante a toda máquina!


    Aina también ha escrito:
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    Aina tiene 15 años y este verano pasado ha cruzado el Atlántico por primera vez para hacer un viaje con la familia durante un mes. La experiencia de conocer nuevas realidades le ha gustado tanto que espera volver a viajar muchas veces a lugares igual o más interesantes. Es nuestra invitada del mes de diciembre y temporalmente le hemos cedido el blog para que nos explique su viaje a Colombia. -- Enric i Celia


     
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