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domingo, 14 de agosto de 2016

La gente: las mejores experiencias de nuestros viajes

Esta semana celebramos el aniversario de nuestro blog y queremos hacerlo de forma especial. En este articulo rememoramos con todos vosotros las experiencias que más nos han marcado en estos últimos cinco años de viajes. Todas ellas tienen a otras personas como protagonistas: viajando hemos visto monumentos espectaculares, paisajes que te cortan la respiración, pero es a través de las personas con quienes realmente conoces el lugar. De estos momentos son de los que guardamos mejores recuerdos.

Armenia a través de su gente

Manooshak, una niña de no más de ocho o nueve años, vive con su abuela prácticamente desde que nació. Oliver pasa ya de los ochenta y sobrevivió a uno de los terremotos más trágicos del siglo XX. Sergey es uno de los pocos "molokans" que quedan en Armenia, cristianos de origen ruso que mantienen una forma de vida muy tradicional. Navet y Larisa son "yazidis", minoría semi-nómada kurda que cree en la reencarnación y que tiene por dioses al sol y al pavo real. En Armenia conocimos los matices de su cultura a través de la hospitalidad de su gente y lo hicimos acompañados de nuestra pequeña Ivet, que justo contaba con tres meses de vida cuando fuimos. (leer más)



Meymand: intentando arreglar un televisor en una cueva de Irán

A Meymand lo llaman el pueblo "troglodita", por sus curiosos habitáculos que datan de más de 10.000 años. Son unas cuevas naturales excavadas en la roca pura de la montaña. La gente vive de manera relajada en medio de la naturaleza, al lado de un riachuelo que les proporciona agua y con pocas comodidades, tal y como vivían sus antepasados desde hace generaciones. Sin saber muy bien cómo, hemos acabamos allí dentro de la cueva-vivienda de una señora, intentando arreglarle un televisor. Una de las situaciones más surrealistas que hemos vivido en nuestros viajes. (leer más)



Francisca y Ricardo, convivindo con una familia del Titicaca

En la isla de Amantaní nos alojamos en casa de Ricardo y Francisca. Nos trataron como verdaderos invitados, integrándonos en su vida diaria y dándonos a conocer sobre sus costumbres y tradiciones. Francisca habla únicamente quechua pero no nos dimos cuenta hasta después de unas horas de estar con ellos, antes pensábamos que no hablaba nada (estaba callada en todo momento). Todo lo traducía Ricardo, un hombre muy de su tierra, que nos explicó que en cualquier viaje que hacía fuera de la isla tenía que "ir con muchom ojo", ya que hay peligro en todas partes. Son muy buena gente y nos ofrecieron dos días inolvidables. (leer más)



El día a día de los pueblos del lago Atitlán

“El lago más maravilloso del mundo”, así definió el lago Atitlán el escritor Aldous Huxley. Sus orillas están salpicadas de diferentes pueblecitos, cada uno con sus particularidades. Durante los días que estuvimos conocimos a Pedro, el heladero ambulante de San Juan, un señor elegante como pocos. Micaela, que sentada en el portal de su casa enseñaba a su hija Dolores el calendario maya y que, muy amablemente, nos añadió a la clase. Francisco, que emigró a Estados Unidos buscando una mejor vida y que acabó de ilegal y encarcelado por unos meses, antes de poder volver a su país. O Ana, una tejedora que nos explicó lo poco que le pagan por sus bordados y cómo después los tenderos venden a precios abusivos para los turistas. Historias humanas que nos cautivaron y nos ayudaron a conocer un poco mejor la vida al lago, más allá de los fantásticos paisajes. (leer más)



Oventic: Encuentro con los zapatistas del EZLN

Hace tiempo que los medios de comunicación se olvidaron, pero el movimiento zapatista todavía resiste en Chiapas. En nuestro viaje por tierras mexicanas, una de nuestras inquietudes fue conocer de primera mano la situación actual de este movimiento revolucionario y así fue como llegamos a Oventic, una de sus comunidades. Allí nos recibió la Junta del Buen Gobierno, con la que tuvimos la oportunidad de conversar y saber sobre su sistema de gobierno y servicios públicos, completamente al margen del estado oficial.(leer más)



Bou Meng, uno de los únicos 7 supervivientes de la prisión S-21

Camboya vivió su infierno durante 3 años, 8 meses y 20 días: exactamente este fue el tiempo que duró el régimen de los jemeres rojos, entre 1975 y 1979. Durante nuestro paso por Phnom Penh visitamos la antigua prisión de seguridad S-21. Allí tuvimos la oportunidad de conocer a Bou Meng, uno de sus únicos siete supervivientes. El señor Meng, que sobrevivió gracias a las sus dotes de artista pintando retratos de los oficiales de la prisión y de los líderes jemeres, sufrió torturas diversas y perdió su mujer, pero hoy mira hacia el futuro con entusiasmo. (leer más)



Ochmaa, nuestro ángel de la guarda

Viajar no siempre es un camino de rosas, hay situaciones críticas en las que parece que los elementos se conjuran para complicarlo todo. Es entonces cuando te preguntas: "¿Qué narices hago yo aquí con lo bien que se está en casa...?". Por suerte, acabas saliendo airoso de la situación, sobre todo si se te aparece un ángel de la guarda como Ochmaa. Esta fue nuestra particular odisea para llegar a Mongolia desde China. (leer más)



El donga es un encuentro entre los poblados de la zona suri, donde los adolescentes de uno y otra tribu tienen que demostrar su valentía luchando por parejas con bastones muy largos. El vencedor obtiene el aprecio del poblado al que representa, prestigio social y el aprecio de las chicas jóvenes que muy atentas siguen el acontecimiento. Los participantes, que pueden llegar a ser más de un centenar, luchan por parejas y van quedando eliminados hasta que quedan solo dos luchadores, de los cuales saldrá el vencedor del torneo. Fuimos muy afortunados al poder asistir a tan gran acontecimiento: éste no tiene una fecha fija y hasta que no llegamos a territorio surma no supimos que justamente coincidía con los días de nuestra estancia. (leer más)



¡Por unos momentos llegamos a pensar que seríamos nosotros la comida de las tribus! Eso es lo que nos pasó la cabeza cuando visitamos la isla de Malekula en Vanuatu. Allí el canibalismo existió hasta hace solo treinta años: es chocante hablar con la gente que vive en el territorio donde han sucedido estos hechos y que te expliquen cual es el procedimiento para sacrificar a una persona. Muy posiblemente alguna persona mayor con la que conversamos podría haber probado en su momento carne humana... (leer más)



Cuatro días de navegación por la costa chilena en un barco de carga

Once mil toneladas de carga, veinte tripulantes, treinta y dos pasajeros y quince caballos convivimos en un barco de 115 m de eslora durante más de 2.000 km de navegación desde Puerto Natales a Puerto Montt. Cuatro días en un barco de carga ofrecen muchos momentos de silencio que invitan al descanso y a la reflexión, pero a la vez los ratos muertos en un espacio tan reducido invitan inevitablemente a entablar conversación con los otros viajeros creándose un gran clima de camaraderia. La alemana Katja, el italiano Massimo y los chilenos Paola y Alex fueron nuestros compañeros de aventura. Con Alex y Massimo hemos continuado manteniendo relación y nos hemos vuelto a ver en cuatro ocasiones más. (leer más).



La isla de Pascua de la mano de Paki y Maria José


Una mañana decidimos alquilar unas bicicletas para recorrer la isla y por una de estas casualidades de la vida llegamos a casa de Paki y Maria José. La cara de él nos fue familiar desde un primer momento pero no sabíamos el porqué... Hablando, hablando, nos comentó que estaba casado con una chica de Granada, española... ¡Ah, sí! Fue entonces cuando atamos cabos: ¡Eran los del reportaje del programa de TV ”Españoles en el mundo” sobre la isla de Pascua! Enseguida nos abrieron las puertas de su casa. Tuvimos la oportunidad de poder compartir momentos divertidos y nos dieron a conocer una visión de la isla mucho más local. Cinco años más tarde volvimos a la isla y nos reencontramos. (leer más)



¿Y tú qué opinas? ¿Hay mejor experiencia que conocer gente mientras viajas?


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jueves, 26 de septiembre de 2013

Tikal, la perla maya de Guatemala


De la selva del Petén surgen miles de construcciones entre templos, palacios, plataformas ceremoniales y juegos de pelota; unas ocultas por las raíces y el follaje, otros desenterrados y restaurados. Dicen que la antigua Tikal de los mayas era comparable al Nueva York de nuestros días por la sorprendente altura de sus edificios y por el gran tamaño de los restos encontrados. Lo que es seguro es que con sus 150.000 habitantes en su época de máximo apogeo, Tikal era una gran metropoli cuando la mayoría de las grandes ciudades europeas de la actualidad apenas empezaban a hacerse un nombre.

Hoy visitamos Tikal, una de las ciudades legendarias del mundo maya y de la historia de las civilizaciones.




Cierra los ojos e imagina por un momento que viajes 1.500 años atrás. Ponte en la piel de una persona de aquella época, en su contexto histórico y con los conocimientos del momento...

Continúa imaginando y ahora ponte en la piel de un comerciante que después de un largo viaje llega por primera vez a una ciudad tan grande en extensión como la Barcelona de hoy en día. Sin ningún tipo de duda la mirada se te iría hacia el cielo, buscando el final de unos templos nunca vistos antes y que llegan a los 70 metros de altura, el equivalente a un edificio actual de más de veinte pisos. Desde arriba de una de estas pirámides el Gobernador se comunica con los dioses, mientras que el pueblo, desde bajo y ante esta grandeza monumental, escucha los deseos de los dioses transmitidos por éste, que representa la voz del poder divino...

Visitando Tikal no podemos dejar de pensar cuáles debían de ser las sensaciones de una persona de aquellos tiempos ante todo lo que tenemos delante. Seguramente que "boquiabierto" sería poco para definir las sensaciones de este viajero de la época...


campo refugiados sahara

Tikal
es tan extenso que es posible sentirse a solas con la selva y los templos mayas, casi sin haberte cruzado con otras personas, y eso la hace muy especial. Las construcciones están unidas por largos senders que avanzan bajo la protección de grandes árboles, de donde emanan olores y sonidos desconocidos por nosotros. Monos, pájaros, insectos, reptiles y el gran depredador de la selva, el sigiloso jaguar, pueblan las cercanías de esta ciudad. Parece ser que gobierno y arqueólogos tienen muy presente la importancia del entorno natural donde se encuentra el yacimiento y que por eso se ha decidido mantener gran parte de la selva para conservar la fauna y la flora de la zona. Un valor añadido para nuestra visita.






Para poder ver tal y como vemos hoy en día Tikal se han tenido que sacar muchos árboles, arena, piedras, enredaderas y restaurar muchos templos. Todo se encontró enterrado e invadido por la selva, pero de momento sólo se ha recuperado las partes más importantes y centrales del conjunto. Trabajo imposible recuperar las 16.000 construcciones que se calcula que quedan por descubrir. La restauración se tiene que hacer de una manera manual, sin utilizar grúas ni herramientas metálicas, con herramientas de madera para no echar a perder la piedra calcárea de los antiguos edificios. Un trabajo lento y costoso que permite ver templos que apenas empiezan a renacer de entremedias de las entrañas de la tierra, después de estar muchos años tragados por la vegetación.





No hemos parado de andar en todo el día. Arriba y abajo los senderos se van abriendo de vez en cuando para descubrirnos un nuevo templo o palacio. No perdemos la oportunidad de subir hasta arriba en aquellos que es posible. Emociona subir hasta su cúspide, sacar la cabeza por encima de los árboles y contemplar a vista de pájaro el yacimiento. Desde estos miradores privilegiados se pueden distinguir otras templos sobresaliendo entre un mar de verdor inacabable. Es realmente desde aquí que uno se da cuenta de la magnitud que se tiene delante.





Todos los caminos confluyen en la Gran Plaza, donde se levantan frente a frente los dos edificios más esbeltos: el Templo del Gran Jaguar, seguramente el más representativo de Tikal, y el Templo de las Máscaras. El primero, más grande y alto, representa el sol y la masculinidad. El segundo, un pelín más pequeño, la luna y la feminidad. Entre uno y otro, justo en medio de la plaza, hay una piedra circular donde los descendientes de los antiguos mayas todavía celebran sus ritos en la actualidad. El 21 de diciembre de 2012 se celebró allá el cambio del ciclo del calendario myaa, una nueva etapa y, para muchos, el fin del mundo... unas imágenes que dieron la vuelta en el mundo.






Los edificios de la gran plaza fueron construidos a comienzos del siglo VIII, coincidiendo con la época de máximo esplendor de la ciudad y del inicio de su declive. Sólo 200 años después los mayas ya habían abandonado completamente Tikal. Los motivos todavía son difusos, quizás la superpoblación, el abuso de los recursos, la sequía, las guerras internas... o quizás un poco todo ello fueron las causas que pusieron fin al brillante periodo clásico maya. De hecho, cuando Hernán Cortés atravesó la selva del Petén, en el 1525, las ciudades mayas hacía cinco siglos que se habían despoblado y que habían sido cubiertas por el bosque tropical.




Después de estar buscando por las ruinas durante ocho horas tenemos la sensación que apenas hemos descubierto la punta del iceberg. No hemos parado, pero somos conscientes que nos dejamos mucho por ver. Marchamos y lo hacemos con la necesidad de conocer mucho más sobre esta cultura. Marchamos, pero lo hacemos sabiendo que posiblemente algún día volveremos.



Información útil

Cómo llegar: Flores es la ciudad más próxima a Tikal. Nosotros hemos llegado desde Palenque (México) pero también está muy conectado con otros atractivos turísticos de Guatemala y con Belice City. Dispone también de aeropuerto.

Diez horas separan Palenque de Flores por tierra. El viaje se organiza en tres trayectos: bus Palenque-Frontera Corozal, cruce en barca del río Usumacinta (frontera natural entre México y Guatemala) y bus La Técnica-Santa Elena (Floras) Tikal (Guatemala). Es un viaje que se puede hacer por libre, pero que vale la pena contratar con una agencia de viajes para coordinar los horarios en un solo día. En total son 10 horas por las que pagamos 350 pesos. Existe también la posibilidad de hacer el trayecto en dos días y hacer parada para visitar los yacimientos arqueológicos de Bonampak y Yaxchilán (las agencias organizan paquetes por 1.000-1.200 pesos que incluye transporte, alojamiento y comidas). Pactáis bien con la agencia el transporte: nosotros el primero trayecto lo hicimos de forma rápida y cómoda en una van turística pero en el trayecto de Guatemala nos colocaron en un autobús local de aquellos en los que no hay casi espacio, que paran cada minuto para coger gente y van a 10 Km por hora. ¡Se nos hizo larguísimo!

Flores está a 60 km del yacimiento arqueológico de Tikal, un trayecto de 1h de bus. Las agencias organizan vans en diferentes horarios con un precio de 70 pesos ida/vuelta.

Alojamiento: Existen tres posibilidades: Flores, El Remate y la zona de servicios del yacimiento de Tikal. Los hoteles son más caros en Tikal, a pesar de que también existe la opción de acampar (en los jardines de los mismos hoteles, en los que te ofrecen la tienda y el saco). Después de valorar las opciones nosotros optamos por Flores, un pueblo con encanto rodeado por las aguas de Laguna de Petén (donde te puedes bañar) y dónde hay un montón de opciones de alojamientos.

Hotel La Unión. Situado en la calle del mismo nombre, con vistas al lago (desde donde se ve una buena puesta de sol). Habitación doble con baño, wi-fin, TV y balcón por 150 pesos.

Comida: Flores tiene una amplia oferta de restaurantes. Los que tienen terraza con vistas al lago son los más caros, pero son ideales para hacer una cerveza en la puesta de sol. Ante el hotel La Unión hay un restaurante familiar económico con una carta con platos por entre 20 y 50 pesos. No recordamos el nombre pero no tiene pérdida, está en la azotea de un bloque de dos pisos.

Dentro de la zona arqueológica no hay restaurantes ni puestecillos donde comprar comida. Hay que ir a la zona de servicios de la entrada donde están los restaurantes de los hoteles, los cuales son caros. Vale la pena llevar bocadillos para no perder tiempo.

De viajero a viajero: Las agencias de Flores, aparte de sólo transporte, ofrecen por poco más la posibilidad de incluir guía (100 pesos). Son visitas para grupos de un máximo de 12 personas (nosotros fuimos 6) de tres horas de duración que valen mucho la pena. Además de explicarte la historia y anécdotas de la antigua Tikal, te acompañan por los lugares más emblemáticos e interesantes; un aspecto a remarcar, considerando la gran cantidad de edificios y tamaño del yacimiento arqueológico. Además, una vez hecha la visita, tienes tiempo libre de sobra para acabar de ver por libre el yacimiento con la posibilidad de optar por diferentes horarios de transporte para volver a Flores.

La entrada a Tikal tiene un precio de 150 pesos, pero este se duplica si visitas el yacimiento al amanecer o a la puesta de sol. Las agencias de Floras ofrecen transporte para visitar el yacimiento a aquella hora, posibilidad que tiene muy buena acogida entre los visitantes. No dudamos de las magníficas vistas que aquella hora se deben de ver de los templos, pero tiene también sus desventajas: de buena mañana acostumbra a haber una neblina que impide la buena visibilidad (al menos en verano) y todo el mundo sube al mismo templo a ver la salida y la puesta de sol. Ver el amanecer supone madrugar de forma considerable (las furgonetas salen a las 3:30 de Flores) e ir coincidiendo con la puesta de sol supone no disponer de tiempo libre para visitar el yacimiento por tu cuenta.


De este viaje (Guatemala, México, Belice y Honduras) también hemos escrito:

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martes, 3 de septiembre de 2013

El lago Atitlán: según dicen, el lago más maravilloso del mundo


“El lago más maravilloso del mundo”


Así definió el Lago Atitlán el escritor Aldous Huxley y seguramente muchos de los que llegan hasta aquí se llevaran esta sensación. Este lugar es idílico y digno de las postales más bonitas de Centro América. Alrededor del lago unos cerros con pequeños pueblecitos salpican el paisaje, por encima se levantan imponentes los volcanes, impregnando la zona de una gran belleza. Cada lugar de este lago es único y especial, no nos extraña que muchos extranjeros hayan seguido los pasos de Huxley y se hayan quedado a vivir.

El paisaje actual del lago se empezó a formar hace unos 85.000 años, en la gran erupción conocida como "Chocoyos", en la cual la ceniza llegó hasta Panamá y los EEUU. La gran cantidad de magma que se llegó a acumular hizo que la superficie se hundiera, formando un gran agujero que se fue llenando de agua hasta convertirse en lago. Más tarde −unos miles de años, por cierto− emergieron de este lugar varios volcanes que hoy en día conocemos con el nombre de volcán San Pedro, Atitlán y Tolimán, todos ellos de más de 3000 metros por encima del nivel del mar. Una historia muy científica y poco imaginativa para un lugar de leyenda.





Huyendo de Panajachel, donde se concentra la mayor oferta turística, hemos ido a buscar la tranquilidad a San Marcos la Laguna y allí hemos establecido nuestra base de operaciones. Por las mañanas nos hemos dedicado a saltar de pueblo en pueblo. Las tardes nos las hemos tomado más relajadamente, a veces voluntariamente y otras de forma más obligada cuando la lluvia ha hecho acto de presencia.





Cada pueblo es diferente, cada uno con sus particularidades. No es por su arquitectura que éstos son interesantes, de hecho no son nada del otro mundo en este sentido. Es la gente y su cultura lo que los hace interesantes: se hablan diferentes lenguas y los vestidos típicos −que aquí no se sacan sólo para las fiestas, sino que se llevan cada día−, diferencian los habitantes de un pueblo y otro. A los colores y detalles de los vestidos de las mujeres ya nos hemos acostumbrado después de unos días viajando por Guatemala. Nos sorprenden pero los pantalones cortos de los hombres de algunos de los pueblos que, junto con sus sombreros, los hace peculiares a nuestra mirada.




Durante estos días hemos conocido a Pedro, el heladero ambulante de San Juan, un señor elegante como pocos. Micaela, que sentada en el portal de su casa enseñaba a su hija Dolores el calendario maya y que, muy amablemente, nos añadió a la clase. Francisco, que emigró a Estados Unidos buscando una mejor vida y que acabó de ilegal y encarcelado por unos meses, antes de poder volver a su país. O Ana, una tejedora que nos explicó lo poco que le pagan por sus bordados y que después los tenderos venden a precios abusivos para los turistas. Historias humanas que nos han cautivado y nos han ayudado a conocer algo más la vida en el lago, más allá de los fantásticos paisajes.


                                   Ana                                                    Micaela y su hija Dolores                                        
 Pedro y su carrito de helados


Curiosamente la mayoría de pueblos del lago adoptan nombres bíblicos: Santa Caterina, San Antonio, San Lucas, Santiago, San Pedro, San Juan, San Pablo, San Marcos… tenemos la sensación de hacer un repaso al santoral en un buen lugar donde, justamente, el cristianismo convive con otras creencias menos convencionales. San Marcos Laguna es lugar de concentración de seguidores de la Nueva Era y Santiago Atitlán es el hogar de Maximon, una deidad propia de las tierras altas de Guatemala que supuestamente es una mezcla de dioses mayas, San Simón y Pedro de Alvarado (sí, sí, habéis leído bien: Pedro de Alvarado, el conquistador español de Guatemala). Conocer de su existencia nos ha hecho picar la curiosidad y no hemos podido evitar ir a conocer algo más sobre él.





Si su origen ya sorprende, ver el lugar donde lo veneran todavía más. Su residencia no es estable, va pasando de casa en casa entre los vecinos de Santiago de año en año, o sea que primero nos toca preguntar. Una vez localizado, y pagado el pertinente “donativo”, entramos a su “capilla”. La representación en sí es una figura de madera fumando un puro y vestida con vistosos pañuelos de seda. Alrededor suyo estampitas de Jesucristo, otros santos cristianos y las ofrendas, poco convencionales: tabaco y botellas de aguardiente. Todo ello iluminado con lucecitas de colores parpadeantes... Curioso, nosotros no podemos evitar recordar su similitud con el candomblé brasileño.




No sabemos si el Lago Atitlán será el lago más maravilloso del mundo -a nosotros el lago Titicaca y los lagos del sur de Bolivia nos robaron el corazón-, pero sin ningún tipo de duda es un lugar que vale mucho la pena. Paisaje idílico y pueblecitos, cada uno con su singularidad. También es aquí, más que en Antigua, donde empezamos a ver escenas de la vida cotidiana indígena de los descendientes de los mayas.





Información útil

Como llegar: Panajachel es la puerta de entrada al lago y tiene conexión directa en transporte público con Antigua (3h), Guatemala City (4h) y Chichicastenango (1,5h). El pueblo en sí no tiene mucho encanto, pero es el centro neurálgico por donde pasa todo turista o visitante que quiere ver el lago Atitlán y los pueblos de la zona. Para visitar los pueblos del lago la mejor opción son los pequeños barcos que bordean el lateral occidental del lago haciendo parada en varias poblaciones o bien las camionetas para visitar los pueblos del lateral oriental.

Alojamiento: Nosotros hemos optado por alojarnos en el pueblecito de San Marcos, en la posada del mismo nombre. Hemos acertado tanto en el pueblo –tranquilo y con las mejores vistas al lago- como en lugar. 125 quetzales la habitación doble con baño con desayuno incluído. Tiene encanto y buen ambiente, a pesar de que el restaurante es caro para lo que son los precios del país. Recomendable.

Comer: En todos los pueblos hay pequeños restaurantes locales en los que se puede comer bien y barato (entre 16 y 20 quetzales por plato de carne o pescado acompañado habitualmente de arroz, ensalada, tortitas y bebida).

De viajero a viajero: Si queréis hacer compras de souvenirs, los pueblos más baratos son Santiago y Santa Caterina con diferencia. Alerta con los horarios de las barcas, no son del todo fiables a pesar de que son regulares. Los precios de los trayectos son fijos y van de los 15 a los 25 quetzales dependiendo de si éste es más largo o corto, no os dejéis embaucar si os piden más.


De este viaje (Guatemala, México, Belice y Honduras) también hemos escrito:


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jueves, 29 de agosto de 2013

Los mercados de Guatemala: Chichicastenango y Sololá


El mundo maya continúa vivo más allá de sus piedras. Quizás su época de máximo esplendor sí que se quedó en tiempos pasados reflejados en sus famosos yacimientos arqueológicos, pero la cultura, costumbres y fisonomía de aquel pueblo ha ido evolucionando y sobrevivido hasta nuestros días a través de los indígenas que hoy pueblan Guatemala y el sur de México.

En los pueblos, en el campo y también en las ciudades. Por todas partes se pueden contemplar escenas de la vida cotidiana de los descendentes de los antiguos mayas, pero posiblemente es en los mercados donde estas adquieren más color. Cada población tiene su mercado y el de Chichicastenango tiene la fama de ser el más grande de Centroamérica. Desde Antigua y de camino al lago Atitlán, hemos hecho una parada para ver uno de los atractivos indispensables de Guatemala. Posteriormente y por recomendación otros viajeros también hemos hecho una escapada al mercado de Sololá, muy próximo del lago Atitlán.




Cada jueves y domingo, el pueblo de Chichicastenango se convierte en un gran punto de encuentro. Hasta allí se llega multitud de gente provinente de los pueblos de la zona para vender, para comprar e intercambiar sus productos. Los que vienen de lugares más lejanos ya llegan el día anterior, dejan su carga en la plaza principal, cocinan su comida y, cuando ya es de noche, extienden su manta en el suelo y se ponen a dormir hasta el día siguiente.

El mercado también atrae a multitud de turistas. Un detalle que a priori nos echaba un poco para atrás pero justo es decir que una vez allí, a pesar de que la presencia de extranjeros como nosotros era evidente, esta tampoco era agobiante, dada la inmensidad del mercado. De hecho, podemos hablar de un de doble mercado: uno de encarado al turista que con sus artesanías, mascares y tejidos típicos hacen las delicias del cazador de souvenirs; y otro más auténtico en el que los agricultores venden las legumbres, maíz o verduras que cultivan en sus tierras.







Más pequeño pero también fuera de los circuitos turísticos es el mercado de Sololá. Este último aspecto lo hace realmente interesante: en toda la mañana sólo nos cruzamos con otro extranjero. Una suerte de secreto que Guatemala nos tenía guardado y que nos permitió disfrutar de su autenticidad en su estado más puro.









Aunque no se compre nada, la visita en un mercado guatemalteco vale mucho la pena. Allí todo se tiñe de rojos, morados, bordados y rayas, del mismo modo que van vestidas las mujeres del país. Allí también se puede ver de cerca la forma de vida rural de Guatemala y el día a día de la gente que va a comprar. Si prestamos atención, también se pueden escuchar lenguas desconocidas por nuestro oído, evolución del antiguo lenguaje maya. Una oportunidad para conversar y conocer con gente otros lugares que difícilmente podríamos haber conocido en otro contexto.






Información útil


Cómo llegar: Chichicastenango está muy comunicado sobre todo los días de mercado, desde Antigua (a 2,5 h de viaje) y desde el lago Atitlán (a 1,5 h) las agencias de viajes ofrecen transporte por unos 150 quetzales (ida y vuelta. Sololá está a 9 km de Panajachel (puerta de entrada al lago Atitlán), desde allí salen camionetas que por 3 quetzales te llevan a la plaza principal de Sololá. Una vez allí hay autobuses urbanos (chicken bus) que por 1 quetzal te suben al mercado (también se puede subir andando).


De viajero a viajero: Los precios del mercado de Chichicastenango son más elevados que los que encontraréis en el lago Atitlán; si queréis comprar algún recuerdo, mejor hacerlo en los pueblecitos del lago. En "Chichi" reservád un rato para visitar la iglesia de Santo Tomás, escenario de rituales mayas (más que cristianos). También es interesante el cementerio con sus tumbas de todos colores, a pesar de que éste queda algo más lejos.


En la camioneta con Juanjo, camino al mercado de Sololá

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