Bolivia: una imagen vale más que mil palabras
Paisajísticamente el sur de Bolivia es una de las zonas más impresionantes que jamás hemos visto: salares, géisers, lagos, desiertos y volcanes se van sucediendo sorprendiendo al viajero a cada instante.
Rapa Nui, la isla misteriosa
En el límite oriental de la Polinesia, Rapa Nui es uno de los territorios habitados más aislados del planeta. Lejos de todas partes, estamos en medio del océano Pacífico a más de 3.500 km del continente americano y casi a 2.100 de la isla habitada más cercana.
Ambrym, la isla negra
Después de dos días de caminata y de acampar a los pies de los volcanes, nos hemos cansado como desde hacía tiempo que no lo hacíamos. Pero hemos conseguido nuestro objetivo: subir hasta el cráter del Mount Marum y ver su mar de lava en plena actividad.
Los colores del desierto australiano
El Uluru es posiblemente el icono natural más conocida de Australia. La roca se alza poderosa en medio del desierto y con 350 m de altura, 9 km de perímetro y 2,5 km de profundidad, es uno de los monolitos más grandes del planeta.
Kuala Lumpur y Singapur
Dos ciudades que tienen grandes similitudes y que a la vez quedan a años luz la una de la otra: modernas con elevados rascacielos, multiculturales con mezclas imposibles, motores económicos de la región... Pero Singapur es muy Singapur y Kuala Lumpur parece que aspire a parecerse.
jueves, 11 de febrero de 2016
Tendencias: 10 destinos para viajar en el 2016
2:47
Quaderns de bitàcola
lunes, 17 de junio de 2013
Ballenas y tortugas en la costa de Brasil
0:17
Quaderns de bitàcola
Quien conozca un poco a Enric, sabrá de su pasión por los animales: bicho que se mueve, hacia allá que va. Si puede juega, si se deja lo toca y, si no, lo observa. Una afición que nos ha llevado en nuestros viajes a jugar con tigres en Tailandia, ir a buscar anacondas a la amazonia boliviana o a nadar entre atunes en las costas de Tarragona.
Esta afición fue justamente uno de los motivos que nos hizo decidir por las playas de Praia do Forte y no otras y es que, justamente, el litoral del estado de Bahía es uno de los mejores lugares del continente americano para ver ballenas y tortugas marinas.
Cada año, durante los meses de septiembre y octubre, centenares de tortugas marinas eligen la arena de las playas de Praia do Forte para poner sus huevos. Ejemplares de hasta cuatro especies de las ocho existentes en el mundo se llegan hasta las costas brasileñas para reproducirse; algunas de ellas pueden llegar a superar los dos metros de longitud (en el caso de las tortugas laud). Posteriormente, durante los primeros meses del año siguiente, las playas de son literalmente invadidas por las pequeñas crías que al salir del huevo instintivamente se dirigen hacia el mar para iniciar un nuevo ciclo. Momentos que acontecen unas espectáculos de la naturaleza inoblidables para todo aquel que puede vivirlos en directo. No fue nuestro caso, que no coincidimos en la época y nos tuvimos que conformar con la visita al centro de visitantes del Projeto Tamar.
Si vas a Praia do Forte no puedes dejar de visitar la sede nacional del Projeto Tamar, el ambicioso proyecto de protección de tortugas marinas de Brasil y aprender algo más sobre la vida de este animal y el importante papel que desarrolla la entidad en su preservación. Se calcula que cada temporada el proyecto protege unos 14.000 nidos y unas 650.000 tortuguites, pero más allá de estos números creemos que el éxito de Tamar radica en la concienciación y relación que establece con las comunidades locales, incentivando que la cultura de la protección sustituya la de la depredación. Los mismos pescadores que hace una años mataban las tortugas, a día de hoy trabajan por el proyecto. La colaboración mediante importantes subvenciones por parte de grandes empresas como Petrobras, así como el reclamo turístico que supone el proyecto para la zona completan el éxito de la díficil formula que combina protección del medio ambiente y desarrollo económico de la zona.
En el centro de visitantes se pueden ver tortugas de varias especies y tamaños, además de ejemplares de otros animales marinos como estrellas de mar, cangrejos y algún tiburón. Si no ha cambiado la cosa, cada tarde a las 17 h, entre finales de diciembre y mediados de febrero se efectúa también la liberación de crías en la playa de justo delante del centro.
La otra gran experiencia que podéis vivir en las costas próximas de Praia do Forte es el avistamento de ballenas, una actividad exitante pero sólo apta para aquellos que no se mareen en alta mar ;-)
Las costas del Brasil son zona de migración entre los meses de julio y septiembre, donde llegan desde el sur del Atlántico para reproducirse. La reina de la zona es la ballena jorobada o iubarta, un señor bicho que puede llegar a medir 15 metros y pesar 50 toneladas. Con estas referencias ya os podéis imaginar la experiencia que supone ver de cerca alguno de sus ejemplares.
La oferta de opciones para ir a verlas a alta mar es variada pero para nosotros la mejor es hacerlo a través del Instituto Baleia Jubarte. Nosotros así lo hicimos. Con ellos la experiencia va más allá del simple avistamiento, es una forma de colaborar con esta ONG y, un detalle importante... la salida tiene "garantía": si durante la salida tienes la mala suerte de no ver ninguna ballena, te dan la opción de repetir al día siguiente de forma gratuita.
Previo a subir al catamarán te dan una buena explicación sobre la vida de estos cetáceos, las especies de la zona, su ciclo migratorio y su delicada situación. Ya a bordo, la navegación en alta mar también es más que una simple atracción turística. En realidad lo que haces es acompañar un grupo de biólogos y voluntarios del Instituto en su trabajo diario de recuento de ejemplares (que por cierto se distinguen por las marcas y colores de su cola, un tipo de huellas dactilares que hacen a cada ejemplar único).
Por cierto, tenemos que remarcar la experiencia no es tan idílica como pueda parecer si te toca mar movido, como fue nuestro caso... Los botes que daba la embarcación sobre las olas y que en un principio eran divertidos, al cabo de un rato ya no hacían mucha gracia. Al cabo de media hora de salir y siguiendo los consejos de la tripulación, todo el mundo estaba callado y mirando al horizonte para intentar evitar al máximo los efectos del arriba y abajo de las olas. Incluso una de las biólogas acabó vomitando; no daremos más detalles...
Un buen rato después y ya con la esperanza perdida de ver ballenas (o quizás es que con el mareo se nos hizo el tiempo muy largo) aparece una ballena unas decenas de metros más allá. Un par de tripulantes llaman: ¡una ballena! ¿Dónde, dónde? Todo el mundo se olvida de golpe del mareo y corre a mirar hacia donde señalan.
La visión es increíble, ¡nunca habíamos estado tan cerca de un animal tan grande! La sensación es que tarda mucho al salir al exterior, pero cuando sale despliega sus aletas y echa un chorro muy grande de agua hacia arriba. Hace un sonido difícil de definir, un tipo de pitido muy agudo con el que se comunica con otros ejemplares. ¡Qué espectáculo, estamos meravillados!
Lo que se nos hace más difícil es hacer una foto en vez de estar mirando la ballena (las imágenes que os mostramos, no hacen justicia). Después tuvimos la suerte de ver dos más, y una de ellas con su cría. Simplemente, emocionante. A poco que podáis vivíd esta experiencia, ¡sea en Praia do Forte o a en cualquier otro lugar del mundo!
De Brasil hemos publicado:
- Río de Janeiro: una ciudad fascinante en plena transformación...¡y muy cara!
- Bonito, aguas transparentes en el Brasil profundo
- Paraty: playas de ensueño, pero...¿Dónde está el sol?
- Salvador de Bahía, cultura afro-brasileña en estado puro
- El candomblé, una creencia curiosa de Brasil
- Playas de ensueño en Praia do Forte
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lunes, 10 de junio de 2013
Playas de ensueño en Praia do Forte
21:35
Quaderns de bitàcola
Nuestra estancia en Salvador de Bahía fue tan agradable en todos los sentidos que cuando llegó el momento de marchar, no estábamos muy convencidos... ¡y eso que nos íbamos a disfrutar de unas playas idílicas! Por suerte fue llegar a Praia do Forte, darnos el primer chapuzón y olvidar muuuuy rápidamente la ciudad ;-)
Praia do Forte es un pequeño pueblo de pescadores que queda a dos horas de autobús al norte de Salvador. A pesar de que a día de hoy vive básicamente del turismo, el lugar es muy tranquilo y se encuentra en un entorno idílico. Mantiene intacta su pequeña iglesia pintada de blanco y azul a pie de mar, muy típica de los pueblos marineros, y no tiene más que dos o tres calles (¡o al menos era así hace cinco años!)
Hay que decir también decir que no todo en esta zona es perfecto: nos damos cuenta una vez llegamos, que además de nuestro resort (que se encuentra en en medio de un parque natural), están construyendo otros a toda velocidad. Nos preguntamos cómo puede ser posible que esto pase en una zona protegida, pero el golpe de talonario (y sobre todo en lo que se refiere a la construcción) está a la orden del día en Brasil. La economía turística del país está creciendo muy rápidamente y los negocios de este tipo son inversión segura. Así que quizás a estas alturas el que era un pueblecito encantador con un turismo incipiente se puede haber convertido en un destino masificado o cuando menos, haya perdido parte de su esencia.
Nunca antes habíamos estado en un hotel tan lujoso como el de Praia do Forte, y también era la primera -y de momento única- vez que estábamos en un "todo incluído". A veces nos sentíamos un poco fuera de lugar, pero no hablaremos mal del método de la pulserita, al final uno se acostumbra... Nos entraba en el paquete ofrecido que habíamos contratado y no íbamos a renunciar, ¿no? ;-)
Además, tiene sus ventajas y es que la mayoría de gente se quedaba en la playa de justo delante del hotel para disfrutar de la barra libre. ¡En cambio andando sólo diez minutos tenías la playa para tí! y si no te lo crees, mira la foto de debajo. ¿No es el paraíso eso?
No muy lejos de Praia do Forte hay otros pueblecitos donde ya directamente no se encuentran turistas. En uno de ellos hay la desembocadura de un río donde las familias van a pasar el día, sobre todo los domingos. Playas y palmeras se mezclan con paisajes mucho más verdes en sólo unos metros de distancia. Prestad atención: los chiringuitos ponen las mesas y sillas dentro del agua mismo para que los clientes estén bien fresquitos. ¡Esto es vida!
Pero Praia do Forte y alrededores no sólo son playas. Tierra adentro, a sólo unos centenares de metros de la arena y las palmeras, la vegetación espesa lo invade todo. Curiosos por conocer estos parajes, decidimos alquilar unos caballos para recórrerlos.
La aventura no resultó ser tan idílica como inicialmente nos imaginábamos. Por un lado los jinetes -o sea, nosotros- no teníamos mucha experiencia en el arte ecuestre y por el otro, los caballos no parecían dejarse llevar tan fácilmente. Más que dirigirlos, lo que hacíamos era ir donde y como ellos querían: que corrían, cógete fuerte para no caer; que quieren entrar en maleza, ¡baja la cabeza!, no sea que alguna rama te haga daño...Para acabarlo de rematar, el "pequeño" riachuelo que teníamos que atravesar resultó tener una profundidad que hizo que el agua nos llegara hasta las rodillas. Entrar fue fácil, salir no tanto; no daremos más detalles sobre cómo acabó la jornada... ;-)
Bien, no hay que decir que finalmente el hecho de irnos de Salvador de Bahía no llegó a ser un trauma ni mucho menos, Praia do Forte es un lugar perfecto para relajarse, para disfrutar de sus playas y de su naturaleza. ¡Sólo esperamos que la codicia de los poderosos que quieren construir hoteles haya sido abducida por la naturaleza del lugar y se mantenga todo lo más virgen posible!
En la próxima entrada os explicaremos más sobre la riqueza natural de esta parte de Brasil. ¿Sabéis que las playas de Praia do Forte son lugar de anidamiento de tortugas marinas? ¿Y que su costa es zona de migración de ballenas? Para haceros a la idea, si queréis podéis dar un vistazo a Projeto Tamar y al Instituto Baleia Jubarte. En unos días, más.
¡Ah! Y dando respuesta a aquellos que nos habéis ido preguntando estos días sobre dónde y cómo encontramos la oferta de 420€ que os explicábamos el otro día y que nos permitió hacer este viaje: desgraciadamente la agencia con la que viajamos ya no existe (si hacía siempre estas ofertazas no nos extraña que quebrara ;-). Pero no hay mal que por bien no venga, a día de hoy también hay portales web que te ofrecen paquetes y hoteles para viajar a la playa a precios muuuuuy competitivos.
¡Hasta la próxima! ;-)
De Brasil hemos publicado:
- Río de Janeiro: una ciudad fascinante en plena transformación...¡y muy cara!
- Bonito, aguas transparentes en el Brasil profundo
- Paraty: playas de ensueño, pero...¿Dónde está el sol?
- Salvador de Bahía, cultura afro-brasileña en estado puro
- El candomblé, una creencia curiosa de Brasil
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miércoles, 5 de junio de 2013
El candomblé, una creencia curiosa de Brasil
0:10
Quaderns de bitàcola
Las experiencias y anécdotas enriquecen los viajes. Buscadas o no, divertidas o no, pasan a formar parte de los recuerdos y no puedes evitar que se te dibuje una sonrisa cuando, pasado el tiempo, las explicas a amigos o familia. Hoy os explicaremos una de estas y es que en Salvador de Bahía vivimos una de las experiencias más extrañas y "místicas" que hemos tenido nunca.
Todo empezó cuando un buen día descansando sentados en las escaleras de una de las iglesias del Pelourinho una mujer se nos acercó y nos dio conversación. Sin saber cómo ni porqué al cabo de un rato estábamos teniendo una conversación teológica en catalano-portugués. Nos empezó a hablar del camdomblé, una religión afrobrasileña de la que habíamos leído un poco y que llegó al país con los esclavos africanos. Nos explicó cómo cada uno de los santos y vírgenes que habíamos visto a la iglesia que teníamos detrás nuestro en realidad para ellos eran la representación de un espíritu, dijéramos, profano. O sea, que cada santo cristiano tenía un equivalente a su religión y que si veíamos un afrobrasiler ante una imagen no tenía porque estar rezando al santo o santa que nosotros conocemos. Evidentemente esto nos estimuló la curiosidad...
Con mucha paciencia la señora nos fue respondiendo cada una de nuestras preguntas y nos introdujo también en los orígenes y culto de ésta (para nosotros) extraña religión. Nos explicó que en la época colonial los portugueses obligaban a todos los recién llegados a convertirse al catolicismo y como, en estas circunstancias, se originó el candomblé de forma clandestina. A mediados del siglo XIX el gobierno brasileño legalizó su práctica, a pesar de que sus fieles siempre han sido perseguidos por la iglesia y todavía a día de hoy sus celebraciones no están muy bien vistas por determinadas personas. No nos sorprende que todavía haya gente que lo vea con reticencias: por lo que entendimos en las ceremonias se invocan a los "orixàs" o espíritus que interceden entre los humanos y "Olorun" o "Oxala", el creador supremo. Cada orixà posee una personalidad y poderes propios y están relacionados con los elementos de la naturaleza, en las ceremonias es habitual que un orixà posea de forma temporal a alguno de los participantes.
No sabemos si para hacer negocio o bien porque realmente quería hacernos partíceps de su creencia, nos invitó a asistir a una de estas ceremonias a cambio de un pequeño "donativo". El acto se celebraba al atardecer en una de las favelas de la ciudad, pero según ella no nos teníamos que preocupar por la seguridad: iríamos acompañados por de una vecina de la zona que nos vendría a buscar. Como no podía ser de otra forma, aceptamos la invitación.
Al cabo de unas horas ya nos encontramos en una furgoneta de camino a la celebración del candomblé, vestidos totalmente de blanco tal y como nos había pedido la señora. No somos los únicos, nos acompañan otros turistas que hemos recogido en un par de hoteles (empezamos a pensar que esto es una turistada). Cuando entramos en la zona de las faveles el conductor apaga las luces de la furgoneta para pasar inadvertidos. Eso no nos hace mucha gracia.
Llegamos y entramos dentro de una casa grande de una sola planta. Tan solo entrar nos dividen por sexos: chicos a un lado y chicas al otro, y así será durante las dos horas que dura la ceremonia; nos hacen sentar en el suelo la mayor parte del tiempo.
Un tipo de "sacerdote" nos da la bienvenida y hace los honores en un tipo de altar que queda a una altura de unos dos metros y donde, en vez de velas, hay un gran bol y todo tipo de cosas inverosímiles: botellas de cerveza vacías, cuchillos, figuritas, etc. Unos bongos empiezan a sonar a un ritmo monótono pero incesante y los que estaban en la casa empiezan a bailar dando vueltas entorno al altar; gira que gira alrededor de aquel curioso altar, a la vez que el líder de la ceremonia empieza a fumar un puro y a beber cerveza..
Al cabo de un buen rato aparece otro señor con un bote que pasea por toda la sala y que desprende un humo con un olor muy característico: ¡es maría! (!!!). El humo invade toda la sala, el ritmo de la música va subiendo y las vueltas cada vez son más rápidas. Parece que la hierba ayuda a entrar en estado de trance y comunicarse con los espíritus. ¡Con este humo y con tanta vuelta no nos extraña !
El del puro se saca la camiseta y se empieza a dar golpes sobre su pecho desnudo y sudado como un poseso. Nosotros nos miramos el uno al otro, cada cual en una punta de la sala, sin entender de qué va la historia ni cómo acabará pero ya también un poco abducidos. No nos extraña que en muchas de estas ceremonias acaben muchos por el suelo... Ay, ay, ay, donde nos hemos metido...!
De repente, e interrumpiendo tan magnífica representación, entra la guía que nos ha acompañado en la casa con cara de preocupación y diciendo a todo el mundo que tenemos que marchar ya mismo. Son las 10 de la noche y es la hora en que la policía marcha del barrio, al parecer a partir de esta hora es peligroso que continuemos allí. Los invitados abandonamos nuestros lugares y nos encaminamos hacia la puerta pero antes de poder atravesarla nos barran el paso un grupo de mujeres que nos dicen que no podemos marchar sin coger la ofrenda que nos tiene que dar el hombre que ha presidido la ceremonia.
Nuestra guía acepta y ya nos ves a deshaciendo las nuestros pasos y haciendo cola ante el altar. El maestro de ceremonias, que parece que ya está más tranquilo, sube a una escalera y baja el bol alrededor del cual durante un par de horas toda aquella gente había estado dando vueltas. Uno a uno pasamos por delante suyo y nos da una cantidad de su contenido. Gran sorpresa nuestra cuando es nuestro turno y vemos de lo que se trata: ¡¡¡son PALOMITAS!!! (¿¿¿???).
No entendemos nada de nada, pero todavía menos cuando, una vez en nuestras manos y dispuestos a comerlas, el maestro nos dice que nos las tenemos que echar por encima de la cabeza para purificarnos (¿¿¿???). A pesar de que después supimos que aquello era un hecho común y que realmente la cosa iba así, no hace falta que os digamos que en aquel momento nos sentimos como si fuéramos las víctimas de una cámara oculta o algo por el estilo. Marchamos con sensaciones contradictorias: ¿realidad o teatralitzación?
Os dejamos con un vídeo que hemos encontrado en internet para que os hagáis una idea más aproximada de lo que vivimos. La próxima entrada será ya desde las playas de Praia do Forte, uno de los paraísos naturales de Brasil. ¡Hasta pronto!
De Brasil hemos publicado:
- Río de Janeiro: una ciudad fascinante en plena transformación...¡y muy cara!
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jueves, 30 de mayo de 2013
Salvador de Bahía: cultura afro-brasileña en estado puro
0:10
Quaderns de bitàcola
Brasil es un país que no te lo acabas nunca, él solo ya ocupa la mitad de Sudamérica y tiene una extensión similar a la que suma toda Europa. Su diversidad cultural, de gente y de ecosistemas es extraordinariamente rica y es uno de estos países donde cada viajero puede encontrar su lugar, independientemente de las preferencias y del tipo de viaje. La calidez y espontaneidad de su gente hacen el resto.
Estos días Maria José y Lluís nos han ido explicando su experiencia por tierras brasileñas. Unos relatos que han hecho venir muchas ganas de volver para recorrer los parajes que nos han descrito. El verano del 2007 cogimos una oferta de esas que no puedes dejar escapar: por 420€ vuelos y hotel a Salvador de Bahía. Dicho y hecho! No acostumbramos a coger paquetes turísticos, pero esta vez no nos lo pensamos mucho. Lo que sí hicimos fue adaptarlo: ya puestos, ¿por qué no disfrutar también de las playas paradisíacas de la zona? Finalmente fueron ocho días que distribuimos entre Salvador y Praia do Forte ;-)
¡Hoy y durante las próximas entradas os explicaremos nuestra experiencia por el norte de Brasil!
La carta de presentación de Salvador de Bahía tiene unos rasgos identificativos muy destacables: Salvador es el centro de la cultura afro-brasileña y, a diferencia del sur del país, la mayor parte de la población es negra o mulata. De hecho, es la ciudad con el mayor número de descendientes de africanos del mundo. Otro dato curioso es que la ciudad tiene 365 iglesias católicas, una para cada día del año, todo el catolicismo convive junto al candomblé (una creencia de origen también africano y que os explicaremos en nuestra próxima entrada).
La llegada al país fue un pelín alarmista. En el trayecto de autocar entre el aeropuerto y el hotel el representante de la agencia se dedicó a asustar al personal alertando sobre los peligros a los que se expone el turista que va solo: robos muy comunes y asesinatos están a la orden del día, nos decía... Todo ello para acabar "recomendando" que nunca saliéramos solos y que para visitar la ciudad era mejor que contratáramos excursiones organizadas con la agencia... ¡una estrategia muy habilidosa, la del miedo! No coló, aunque tenemos que decir que leyendo las noticias en el diario local nos enteramos que aquella misma semana habían sucedido dos asesinatos por las cercanía de Salvador. ¡Uf!
La verdad es que inicialmente no daban muchas ganas de salir a pasear por el centro de Salvador de manera relajada. Aún así, decidimos ir por nuestra cuenta y tenemos que decir que no tuvimos ningún tipo de problema. Simplemente hay que aplicar sentido común: no ser ostentoso, dejar en el hotel los objetos de valor y evitar zonas aisladas, sobre todo por la noche.
Cogimos un taxi hasta el centro de Salvador de Bahia i allà vam passejar pel Pelourinho, el casco histórico de la ciudad. Es la zona que todo viajero visita tan sólo llegar y realmente vale la pena. De estilo colonial muy conservado, con unas fachadas de colores muy vivos y calles adoquinadas forma la escena más típica de la ciudad. Hay que recordar que Salvador fue la primera capital de Brasil cuando era colonia portuguesa y este hecho originó la construcción de miles casas durante los siglos XVI, XVII y XVIII que conformaron lo que hoy es el mayor patrimonio barroco de América latina.
La iglesia de San Francisco con su elaborada fachada, los retablos recubiertos de pan de oro y las baldosas típicamente portuguesas, es posiblemente el monumento más destacable del Pelourinho. Aunque en su interior encontramos también una sala llena de figuras de santos que, por sus caras, más bien parecen extraídos de una película de terror. De hecho, si entras sin mirar mucho, ¡te puedes llegar a asustar!
Nos adentramos un poco en las calles adyacentes de la zona más turística del Pelourinho y descubrimos que hay mucho por descubrir: más iglesias, escalinatas y casas de colores se van sucediendo. La preocupación por las advertencias del representante de la agencia de viajes se disipan completamente. En la zona se respira un ambiente muy relajado, casi de pueblo, en el que nos sentimos muy cómodos. La gente saluda al visitante de manera muy abierta. ¿Dónde está el peligro?
La Cidade Baixa y la Cidade Alta están unidas por el elevador "la Cerda", la manera más sencilla de pasar de una zona a otra y la manera tradicional de trasladarse por los bahianos, además de económica (0,25 reales). Así que subimos varias veces, una de ellas para ir al Mercado Modelo (se encuentra en la parte baja), un lugar recomendado para ir a hacer compras de artesanía si el viajero no tiene mucho tiempo, pero que a nosotros nos pareció carísimo y poco que ver con los locales. Delante mismo hay varias terrazas que están muy bien para hacer un descanso y tomar algo. También es un lugar de encuentro de grupos de capoeira que muestran su arte a los turistas a cambio de unas monedas.
Un poco lejos del centro y teniendo que coger necesariamente taxi está la iglesia del Senhor do Bonfim, el mayor centro de la fe en religión católica de la ciudad. Dentro, en varies a, encontramos una infinidad de objectos personales dejados por la gente en agradecimiento al Senyor del Bonfim y nuestra Señora de la Guía por haberse curado: fotografías y prótesis depiernas y brazos(¡está lleno!). Fuera de la iglesia somos avasallados por vendedores de pulseras de colores de Bahía, estas que te aseguran que traen suerte y que no te la tienes que quitar nunca hasta que se te caiga. ¡Dos años las llevamos puestas!
Posteriormente nos acercamos hasta el Forte Montserrat desde donde se protegía el puerty de Salvador -y donde hay unas vistas impresionantes- y el Faro da Barra, de color blanco y negro, que está situado en la entrada de la Bahía de Todos los Santos. Desde allí tienes tota la perspectiva de la Bahía que da nombre a la ciudad. A sus pies tenemos la famosa playa de Itapua, ¡un buen lugar para darse un baño!
Nos damos cuenta que no conocimos realmente el esencia de Salvador hasta que nos decidimos a salir por la noche. ¡Nunca nos lo hemos pasado tan bien, y eso que era un martes!
El carnaval y el fútbol para los brasileños son poco menos que sagrados. Los músicos y los futbolistas son considerados dioses y el ritmo de la ciudad gira en torno a estos acontecimientos. Pocos son los momentos en los que levantes la mirada y no encuentres a tu alrededor alguien con una pelota en los pies!. Y que decir del carnaval: ¡Dura sólo una semana, pero el resto del año se lo pasan preparándolo!. Aquí el carnaval es muy diferente al de Río de Janeiro: a diferencia de este se celebra en la calle y no en un sambódromo. Uno aquí no va a ver el carnaval, sino a vivirlo y participar en primera persona.
Los martes y sábado noche de todo el año son los días de "ensayo general" y es también cuando los "blocos" o comparsas salen a la calle a ritmo de samba y batucada. ¡Y eso, sin saberlo, es precisamente lo que nos encontramos en pleno mes de julio! ¿Os lo podéis imaginar? Pasear por la calle e ir encontrando grupos de percusión desfilando acompañados de un montón de gente bailando a su ritmo. Mucha gente local y poco turista, muy auténtico. ¡Increíble!
Pero la cosa no acabó aquí: no recordamos a que hora pasó, pero en cuestión de media hora toda la gente desapareció de las calles. Tampoco era tan tarde, "¿qué pasa?" nos preguntamos. Pues bien, segunda casualidad: justamente aquella noche se jugaba la semifinal de la Copa América entre la Uruguay y Brasil. ¡Todo el mundo iba a ver el fútbol y nosotros, evidentemente también! Acabamos en un local compartiendo cervezas y conversación en un catalán-portugués con un chico que nos explicó vida y milagros -quien no se entiende es porque no quiere!- mirando de reojo los acontecimientos del partido en la gran pantalla. Después de más de dos horas, el partido y su prórroga había acabado a empate a 2. Hora de los penaltis, emoción máxima y finalmente gana Brasil la tanda por 5 a 4. ¡Guau! La fiesta se desata otro vez hasta muy entrada la madrugada. Cansados, muuuuy cansados, acabamos aquel día con una sonrisa de oreja a oreja y con unos recuerdos que todavía hoy recordamos como una de las mejores noches que nunca hemos vivido.
De Brasil hemos publicado:
- Río de Janeiro: una ciudad fascinante en plena transformación...¡y muy cara!
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lunes, 20 de mayo de 2013
Paraty, playas de ensueño, pero...¿Dónde está el sol?
17:43
Quaderns de bitàcola
De Foz don Iguaçú a Río de Janeiro hay bastantes vuelos, así que, después de pasarnos 4 días maravillándonos con las cascadas, cogemos un avión hacia Río y, de allí, un pequeño bus que en unas 5 horas nos deja en Paraty. Esta localidad marítima, ubicada a unos 250 km en el sur de Río, tuvo su momento de esplendor en el siglo XVII, cuando su puerto trasladaba grandes cantidades de oro y otros minerales provenientes de Minas Gerais, a través de un camino sinuoso que atraviesa montañas y bosques exuberantes. La prosperidad se acabó el 1720, cuando se inauguró una carretera que conectaba, en bastante menos tiempo, las minas interiores con Río. A partir de aquel momento, Paraty quedó totalmente eclipsada por la ciudad cairota.
El caso es que gracias a este declive la localidad ha conservado, casi intactas, las edificaciones de la época. Pasear por sus calles adoquinadas (a las chicas que nos estáis leyendo os aconsejamos que, si alguna vez váis, ¡no os pongáis talones bajo ningún concepto!) contemplando los edificios de estilo colonial portugués es una auténtica delicia. A destacar las iglesias, con altares barrocos y pintadas de un blanco resplandeciente, las mansiones señoriales de la época, en la actualidad suyo de las pousades más caras y exclusivas del lugar, y las numerosas actividades culturales –certámenes literarios, concursos de fotografía, bailes típicos...- que se hacen casi todo el año. Paraty atrae un turismo sofisticado, cosa que, desgraciadamente, quiere decir que los precios son altos... Afortunadamente, hay pousades con precios razonables y, sobre todo, abundan los self service o comeakilo (te cobran a pes, y sale económico), donde hemos disfrutado de una oferta variada de comidas y nos hemos podido mezclar entre los autóctonos.
Lo mejor de Paraty son las excursiones por la zona. Hay muchas, y para casi todos los gustos: playas -grandes y pequeñas-, islas, montaña, ríos, destilerías, el camino por donde pasaba el oro, etc.- Nosotros optamos para ir en bus -opción más recomendable y mucho más económica que las excursiones organizadas- primero a la playa de Trindade, donde, además de disfrutar de la playa, disfrutamos de un ambiente muy hippy -el cannabis a chorros- y acogedor; después en la playa de Mirim, donde los árboles llegan a primera línea de mar; a continuación, nos adentramos un poco en el interior, recorriendo un pequeño tramo de la antigua ruta a Minas Gerais, desde donde podemos visitar destilerías donde se prepara la Cachaça (el ingrediente básico de la Caipirinha) y bañarnos en la cachoeira toboga, una cascada digna de postal de agencia de viajes. Pero la excursión que disfrutamos más, la que consideramos poco menos que obligatoria, es subir a una de las embarcaciones que te llevan a las isletas de la zona y te permiten bañarte varias veces, pasear un rato por alguna isla o, sencillamente, tumbarte al sol. ¿Qué más se puede pedir?
Un destino ideal para parejas que quieran pasar unos días de contacto con la naturaleza y con la cultura en un ambiente relajado. El problema -¿Porqué será que casi siempre hay uno “pero”, un inconveniente?- es que el tiempo no nos ha acompañado mucho. Y no es de extrañar: este verde tan intenso, esta vegetación tan exuberante, sólo son posibles si llueve bastante durante casi todo el año (no: aquí no tienen temporada seca; tienen temporada de lluvia... ¡y temporada de más lluvias!).
El caso es que, después de 20 días de viaje, llega el momento de volver. Y qué mejor que hacerlo contemplando el paisaje de la carretera a Río? Bosques, playas y pueblecitos se suceden en nuestras retinas, sirviéndonos de dulce despedida (o de tentador “hasta la vista”, quien sabe). Llegamos a Río y, como ya os hemos comentado, pasamos un día y medio antes de volver en Barcelona; es decir, a la cotidianidad, la crisis, los recortes, el estrés del trabajo... pero también al regusto del reencuentro con tu tierra y con tus amigos y parientes.
De Brasil hemos publicado:
- Autores invitados de mayo: María José y Lluís
- Río de Janeiro: una ciudad fascinante en plena transformación...¡y muy cara!
- Bonito, aguas transparentes en el Brasil profundo
Lluís es un bibliotecario de los de la “vieja escuela”, es decir, lector sin remedio que se declara rotundamente incapaz de ir a ninguna parte sin un libro en la mano. A Maria José le encanta viajar , ya sean destinos cercanos o lejanos, ya se trate de ciudades o de naturaleza, a pesar de que tiene una especial predilección por aquellos lugares que quizás no tienen grandes monumentos, pero sí autenticidad y encanto. Maria José y Lluís han realizado finalmente uno de sus viajes más deseados: Brasil. Son nuestros invitados del mes de mayo y temporalmente les hemos cedido el blog para que nos expliquen su viaje. -- Enric y Celia







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